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El no anunciado espectáculo del nacimiento del Universo

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«Hace dos mil quinientos años ya Buda había estimado lo ineluctable»

Hubert Reeves

Cuando el Universo nació fue un espectáculo no anunciado al cual ningún ser humano podía haber asistido. Pero estamos en una https://concepto.de/via-lactea/ emprendiendo demoledoras y fratricidas guerras. Donde la mayoría nace condenada a la pena capital, pero no se resigna a ello. Ha sido uno de los mayores tormentos de mi existencia, apresurar mi despedida de este asimétrico de objetos que llaman materia: algunas obscuras y otras luminosas cuya, diferenciación está presa del Concepto de la Cosmología que prorrumpiera en el siglo XX tras la divulgación científica de la teoría de la https://concepto.de/teoria-de-la-relatividad/ Einstein, mediante la cual el físico aseveró que los objetos cambian su forma a grandes velocidades: 

«[…] Existe una fuerza que se opone a la expansión: es la gravedad. La materia atrae a la materia. El universo trata de replegarse sobre sí mismo. Esta atracción desempeña un papel fundamental en su comportamiento y en su devenir […]»   

(https://www.swissinfo.ch/spa/muri%C3%B3-hubert-reeves-el-narrador-del-universo-que-quer%C3%ADa-salvar-la-tierra/48889868)

Sintiéndome ser empujado sin cesar por entidades sin rostros ni formas, caminaba por aquella http://iamvenezuela.com/2015/11/bulevar-de-sabana-grande/ de Caracas, cuya movilidad social recién evoqué en varias ciudades latinoamericanas. Hoy luce un tanto apagada, enrarecida. En la https://grupolipo.blogspot.com/2018/11/adios-la-libreria-suma.html compré un ejemplar del libro de Reeves que no tiene término en mi mente rebelde e inquieta.

Algo indefinido me ha movido hacia delante para permanecer vivo y mi comportamiento ha sido un acto reflejo de cuanto entiendo por fenómenos astrofísicos: también empujo a mis interlocutores hacia algún razonamiento lógico-filosófico que nos permita coexistir pacíficamente. Divertirnos con diálogos fraternos. 

Al cambio de las cosas en Venezuela, asomé mi cabeza del ostracismo donde permanecí durante años para inferir de nuevo ante inquisidores que procuro dejar inamovible lo que se presume que lo es. Una vez más, sucesiva e ininterrumpidas veces, la tendencia expansiva-compulsiva-del-terror incrustado en las cavidades craneanas me cuestiona sin entendimiento de la astrofísica que conviene enseñar a todos:

«[…] En la tradición hinduista, la inevitable y periódica destrucción del universo se produce después de una duración llamada kalpa, que Buda describe mediante la siguiente historia: -Cada cien años, un anciano viene a tocar ligeramente, con un pañuelo de la más fina Seda de Benarés, una montaña más alta y más dura que el Himalaya. Después de un kalpa, la montaña se verá arrasada a nivel del mar […]»

(Reeves en ob. Cit.)

Yo perdía o ganaba tiempo intentando consumar, a plenitud, lo que pretendí desde cuando tuve ilaciones e iras: convertirme en un hacedor de libros de cuentos, novelas, ensayos y poemas. Pero frente a mí estaba un mundo poblado de criaturas más o menos humanas sin voluntad ni representación científica: Sintiéndome ser empujado sin cesar por entidades sin rostros ni formas [repito], no soy culpable sino la absolución (texto escrito en el https://www.booking.com/hotel/ve/waldorf-boutique.es.html)    

albertjure2009@gmail.com

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