EXILIOS
Cielos
Mucho antes que la tierra,
perdimos el cielo
de los trópicos natales.
Su luz incesante
sin escarchas invernales,
las nubes sin hielo
ni oscuridades. Y el azul
protector sobre mangos,
bucares y cañaverales.
También perdimos del trópico
las noches más cordiales,
las brisas del páramo
y la sal de los mares;
las estrellas del camino,
que aprendieron nuestros
nombres y vocales,
los sonidos conocidos
de grillos y jaguares.
Cuando cierres la puerta
y ajustes ventanales,
y tomes los caminos
para nada familiares,
mira el cielo que pierdes,
allí quedan tus señales,
los rasgos y los sueños
que fueron iniciales.
Más allá están las nieves
y crueles vendavales.
**
Bárbaros
A Herman Sifontes
Llegaron por mar,
los bárbaros;
sus barbudos cadáveres
fueron cubiertos
por la arena.
Eso fue hace mucho tiempo
pero lo recuerdo bien,
creíamos que se habían
marchado para siempre.
La segunda vez
no llegaron por mar
ni por ninguna parte.
Dormían con nosotros,
en el mismo lecho,
bajo el mismo techo.
Destruyeron
todo lo que amábamos.
Cuando se retiren
–los bárbaros siempre se retiran–,
no construiremos más murallas,
levantaremos puentes,
para estar más cerca del agua.
**
Sueño de un estudiante en el exilio
La ciudad no había cambiado;
el metro, como siempre,
nos dejó en la estación
las Tres Gracias.
Los profesores conversaban
en el cafetín antes de clases;
un curso sobre Gógol,
y otro sobre Macbeth.
Después, unas cervezas
en Las Américas,
y la caminata hasta tu casa
en Los Caobos.
Las noches eran serenas
bajo la silueta protectora del Ávila.
Un viento helado
abre la ventana.
El sueño se interrumpe;
afuera, una noche ajena,
la soledad y el derrumbe.
**
Pérdida del reino
A dónde irán a dar
estos valles musicales,
con sus aromas,
a guayaba y miel?
Estos remansos y canales
para los días de sed,
¿frente a qué mares
o lagos y corrientes,
terminarán después?
Las colinas doradas
de estos senos,
recorridos a ciegas
en claras madrugadas,
bajo qué cielo
van a despertar mañana?
Última mirada
para este reino
de turgentes carnes,
y lisura de manzanas
que estuvo para mí.
**
Vuelta de las cruzadas
Regreso, después
de muchos años de cruzado,
al país natal.
La guerra aquí
no ha terminado.
Los tucanes de largos
picos han sido
enterrados. Y los azulejos
duermen a su lado.
Los cazadores,
de rojos brazos,
bajan de los cerros
con armas y caballos.
Sus rostros son crueles
y sus gestos despiadados
En lo más alto del árbol,
sentimos al arrendajo cuando,
en su canto, nos dice:
“La guerra no ha terminado,
todavía falta tiempo
para que el reino sea liberado”.
**
Mesas
Hemos aprendido
a comer
en mesas vacías.
Las sillas sobran
en nuestras casas.
Ya nadie se sienta
a compartir el aroma
de los hervidos,
ni los humos
de nuestras brasas.
Primero fueron
las apresuradas maletas
de los hijos. Después,
con sus libros bajo el brazo,
le tocó a los amigos,
por todo el mundo
pidiendo asilo.
Nuestras mesas
han perdido el equilibrio,
dos en una punta,
cuatro en el vacío.
**
Mesa de trabajo
En las horas más pequeñas,
antes de que los gallos
se pierdan en el cielo,
escribo entre tus piernas,
donde quedaron
mis plumas y libros en el suelo.
Es mi mesa de trabajo,
aquí escribo con mis dedos
los cuentos y poemas
en las hojas de tu cuerpo.
En una casa lejana han quedado
todos mis libros y papeles,
las ediciones de Catulo y Horacio
y el teatro entero de Shakespeare.
Lejos de mis cuadernos, solo
me queda el papel de tus pieles,
en estas horas tan pequeñas,
cuando son ciegas las paredes.
**
Objetos
Con la mudanza
hemos dejado, sin puertas
ni ventanas,
los objetos en una caja.
La máscara veneciana
de un año nuevo lejano,
la jaula con sus helechos
y un búho de porcelana.
Se quejan en su silencio,
y por la noche sentimos
la tristeza de sus gestos;
un diálogo interrumpido,
más preciso y más sincero.
Yo siempre me he sentido
de parte de las cosas;
desde mi primer libro,
llamado Espacios,
donde canté sus alegrías
y penas a nuestro lado.
Cuando me toque el exilio,
se quedarán en la casa,
absortos ya y callados,
los objetos en una caja.
**
Pequeña épica
Al salir de Ítaca,
en contra de su voluntad,
Ulises sabía
que un día iba a regresar.
Eneas no podía
de esa manera hablar;
de su amada Troya
ni una teja iba a quedar;
adelante lo esperaban
el peligroso amor
y una ciudad por fundar.
Cuando emprendas tu viaje,
sin saber dónde llegar,
ruega a tus dioses
que no te hagan demorar;
y, segura del regreso,
tu casa deje de esperar.
**
Ríos
El Tajo no es el río…
Pessoa
El río que pasa
por mi casa,
no se llama Támesis,
ni alberga
grandes navíos
que cruzan el Atlántico.
Tampoco es el Hudson,
por donde entraron a América
millones de inmigrantes
huyendo del hambre en las calles
y las enfermedades.
Las aguas del río que pasa
por mi casa
son quietas y pequeñas,
el que quiera irse lejos
debe buscar otra manera.
Las corrientes del río que pasa
por mi casa
no van a ninguna parte,
se quedan siempre a mi lado
esperando la primavera.
**
Mapas
Somos habitantes
sin ninguna plaza.
Las fronteras de esta tierra
no se corresponden
con nuestros mapas.
Las montañas son más
frías, pero menos altas;
los ríos más tranquilos,
sin boas ni pirañas;
los llanos existen, aunque
sin las sequías que matan;
y los mares son azules,
mas sin uvas en las ramas.
No nos encontramos
en estas cartas;
en la rosa de los vientos
no se ve una sola raya.
Nuestros bordes
se perdieron,
y con ellos nuestras casas.
**
Lamento de un exiliado que duerme a su hija
“Mañana, cuando
regreses al país natal,
dime si los apamates
cerca de la casa,
están a punto de florear;
y si, desde el Ávila,
los azules del cielo
se han tendido sobre el mar.
Tú puedes hacerlo,
yo aún tengo que esperar”.
Mientras, mi hija,
que no lo conoce,
antes de dormir
me vuelve a preguntar,
“Cuándo regresamos
a tu país natal?”.
_____________________________________________________________________________
Alejandro Oliveros (1948), además de poeta, es ensayista, crítico literario, traductor y editor. Fundador de la revista Poesía, es autor de una decena de libros de poesía, cinco colecciones de ensayos y dieciséis volúmenes de diarios literarios.
Noticias Relacionadas
El periodismo independiente necesita del apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que las noticias incómodas que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy, con tu apoyo, seguiremos trabajando arduamente por un periodismo libre de censuras!
Apoya a El Nacional