OPINIÓN

Vitrina Venezuela: Estabilización para evolucionar

por Benjamín Tripier Benjamín Tripier

Superadas las primeras etapas después del cambio, las cuales pudieron operar como una especie de prueba y error, hasta ajustar e identificar la mejor manera de encarar el futuro, debemos asegurarnos que el paquete legislativo brinde el marco referencial para lograr una estrategia que, sin ser rígida, sí sea consistente y pueda permanecer en el tiempo; por lo menos, mientras el “estado del arte” (state of the art), así lo permita. Estas son las bases de lo que llamamos “políticas de Estado”.

Es de esperar que tanto para las dos etapas anteriores, como para esta, se haya contado y se cuente con el consenso político que le dé estabilidad y confianza, siendo estas dos últimas las características esenciales para poder ser un país exitoso.

Esta etapa es el principio del futuro, y debe crear la inercia que nos coloque, dentro de 20 años, en el G-20, nos haga actores relevantes de Davos, y seamos una referencia positiva para Latinoamérica, en particular, y para el mundo en general.

Para este momento ya debemos tener claro si nuestra organización será parlamentaria o presidencialista, si las elecciones serán por colegios o si son directas, incluirán una segunda vuelta, y si los poderes del Estado son tres (recomendable), o cinco (malas experiencias). También, si nuestro Congreso o Asamblea será bicameral o no, y si las fuerzas políticas relevantes serán varias o siempre serán dos.

Lo deseable sería contar con fuerzas políticas que ninguna tenga más de 30%, en un Congreso bicameral, con un sistema presidencialista que, con el tiempo y la madurez, pudiera migrar a parlamentario, y que los poderes del Estado sean los tres tradicionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

En cuanto al sistema electoral, estaríamos en condiciones de incorporar una segunda vuelta electoral (ballotage), cuando los niveles de pobreza estén por debajo de 30% (y disminuyendo), cuando la gente será más difícil de manipular porque la salida de la pobreza les dará herramientas como para decidir sin la presión del clientelismo.

La restructuración de los estados provinciales y dependencias federales deberá ser un hecho, de forma tal de desaparecer, segmentar y redistribuir, aquellos estados que la experiencia histórica nos demostró que no eran viables económicamente. Estados como Sucre, Amazonas y Delta Amacuro, deberían reabsorberse en entidades de mayor viabilidad político-económica; y estados como Bolívar y Apure, tal vez deberían ser segmentados para manejar entidades con focalización específica de la actividad económica.

Como puede notarse, el enfoque de la evaluación y la redistribución tiene un énfasis mayor (por encima de la tradición y el gentilicio), pues nos ha demostrado que es el factor que puede hacernos exitosos, o volver a sumirnos en los niveles extremos de pobreza y destrucción que había en 2019. La autonomía de estas entidades estará basada en la viabilidad, especialización, diferenciación competitiva y la agregación de valor, como contribución a un PIB que deberemos construirlo de la mejor manera posible.

El conjunto de leyes que guiarán el futuro exitoso de Venezuela será el resultado de la “limpieza” de instrumentos (Gacetas) jurídicos y legislativos, liberándolos, tanto de las múltiples duplicidades y redundancias, como de los vacíos, y de aquellas que entraron en desuso y nunca fueron eliminadas.

El éxito de este proyecto de limpieza radicará en la contratación de una firma especializada que, al mismo tiempo, digitalice y desmaterialice los instrumentos, al mismo tiempo que los ordena, agrupa y crea una base de datos.

Ya hemos entendido e internalizado que las relaciones con los países vecinos (EEUU, Colombia, Brasil y Guyana), deben privilegiarse por sobre todas las demás, constituyéndose en el primer anillo de poder e influencia, siendo el segundo anillo para el resto de Latinoamérica y la Unión Europea. Posteriormente, entrarían China y el sureste asiático, luego Australia y Nueva Zelanda, y finalmente, el continente africano.

Otro aprendizaje debe estar relacionado con la identificación de aquellos elementos que pudieran considerarse ventajas comparativas, que nos permita convertirlas en ventajas competitivas y factores de diferenciación que habiliten una competitividad, que no requiera ser ayudada por medidas fiscales y cambiarias para que tengan sentido.

Ya sabemos que el petróleo debe considerarse como el extremo de una cadena de agregación de valor nacional, que termine en productos terminados, plásticos, petroquímicos, y otros derivados del petróleo y de su ciclo productivo. La orientación exportadora hará que no todo producto que se desarrolle en el país sea para el consumo interno, por lo que encontraremos algunos que serán solo de exportación.

Por el otro lado, no todo producto que se consuma internamente deberá ser producido en el país. Nuestra balanza comercial estratégica debería resultar positiva, por aquello de la agregación de valor a partir de la materia prima. Por ejemplo, mientras una tonelada de acero cuesta entre setecientos y mil dólares, una maquinaria metalmecánica desarrollada a partir de ese acero podría llevar el valor a 100.000 dólares esa tonelada. La agregación de valor y el uso de tecnología serán la diferencia porque, en todo caso, si no tuviéramos acero, pero sí la capacidad de transformarlo, podríamos comprar el acero por 500 o 1.000, y venderlo por 70.000 o 100.000 dólares.

La riqueza, entonces, no está en el mineral de hierro (más o menos mil dólares la tonelada), ni en la transformación en acero, sino en la capacidad de construir maquinarias y equipos, agregando valor.

Las relaciones con nuestros vecinos optimizarán los costos de transporte para estrategia y complementación económicas regionales, buscando concentrarnos en aquellos espacios en los que nuestros vecinos tengan complementariedad, y al revés, ellos buscarán lo mismo de nosotros.

El tema de los riesgos y su diversificación, están asociados con no concentrar grandes inversiones en un solo sector, sino que a partir de una matriz y del establecimiento de clusters, podamos evitar una dependencia excesiva de un país y de un producto. Por ejemplo, la excesiva dependencia que tenía Colombia de Venezuela los puso en riesgo, y obligó a los colombianos a cambiar algunos elementos estructurales, y sustituir el mercado, cuando el chavismo comenzó a atacarlos y se retiró de la comunidad andina.

En el caso de Venezuela, la dependencia del petróleo no la afectó tanto cuando cayó a siete dólares en el gobierno de Caldera, pero sí la afectó profundamente (y aún está tratando de recuperarse), con la caída a veinte dólares del 2016.

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