El espectáculo de los alcaldes sincerándose y pasándose a las filas del PSUV ha sido tragicómico

Hay un refrán que dice «en la casa del ahorcado no se debe hablar de la soga». Así que voy a intentar ser descriptivo con el ambiente que intenta sembrar el gobierno y quienes dirigen su campaña.

¿Cómo componemos en Venezuela? Haciendo todo al revés de cómo se está haciendo en este momento: usted ve al presidente diciendo que haga motopiruetas, no lo haga, ¿ve? Al revés; ¿usted ve que el presidente promete que ahora sí va a arreglar la economía y que solo necesita que una vez más usted vote por Chávez, que ya no vive? No lo haga.

Nuestro problema hoy como país es dar el gran paso, y ese gran paso no será dado en la medida en que tengamos conciencia como país, en la medida en que acudamos a nuestra historia para saber de dónde venimos y para saber hacia dónde nos vamos a proyectar. Y no hay manera histórica de sellar nuestra relación con Rusia, China e Irán, con la que esta semana el señor presidente ha amenazado a Occidente.

Para dolor del presidente, la primera vez que Miranda levantó la bandera de Venezuela en la embarcación el Leander lo hizo al lado de la bandera de Estados Unidos, cuyos hombres, más de doscientos habían partido de Nueva York, para poner esa sangre gringa al servicio de la libertad de Venezuela.

Estos últimos días han sido de especial inflexión. Hicieron su máximo esfuerzo. Aún no meditan la magnitud de tal evento hasta después del 28 de julio. Allí comienza el sinsabor de que esto se acaba y ya no regresas más.

El espectáculo de la alcaldesa del partido Cambiemos, y otros señores lanzándose, o más bien, sincerándose, y pasándose a las filas del PSUV, es tragicómico. Pero bien significativo de que ya no se puede seguir juntando a las hipocresías, y los alacranes ya no deben jugar a oposición sino que, y así será, abanderan su causa y se ponen la franela del PSUV que desde hace años les mantiene.

Quisiera imaginarme, aunque el esfuerzo no es mucho, a los miembros de la FANB, el Sebin, la Dgcim, el Cicpc, viendo en sus teléfonos el video de los paramilitares que supuestamente la derecha buscó para desestabilizar el gobierno. Hagamos el esfuerzo. ¿Qué pensaban mientras veían a aquellos paramilitares haciendo una coreografía antes de cada palabra, para decir todo lo que dijeron?

Fue absolutamente ridículo.

El tema es que al presidente le han vendido lo imposible, que él podía ganar limpiamente, y ya todo el mundo sabe que no es así.

La marcha de la semana pasada fue un buen esfuerzo. Casi toda la administración pública fue obligada a marchar, mientras se les obligaba a entregar listas del 1×10, que han entregado puntualmente. Pero pasará el día de la votación como la amante que habla con el marido por videollamada, mientras el otro está justo del lado que la cámara no enfoca.

El gobierno no podrá vender que ganó, porque a las 7:00 de la noche irán de mano en mano, y rodarán por las cadenas de WhatsApp las actas de los centros electorales, donde la oposición triunfa de manera aplastante, los técnicos electorales y testigos serán los primeros en ir como unos correveidiles, esparciendo la verdad de lo que habrá ocurrido en Venezuela, mientras Miraflores recibe las llamadas de Brasil y Colombia para aceptar la voluntad del pueblo.

Ante ese escenario hay que actuar. Pensar en frío y buscar amigos entre aquellos a quienes han perjudicado, pues quienes ayudaron serán los primeros en hablar mal del gobierno y darle la espalda. Después dirán: «Nunca te conocí, se lo decía, no hacía caso, no sé nada de eso», etc. Los primeros serán los alacranes, luego los generales resentidos a los que han humillado hasta el cansancio, luego los medios y así.

Esto le pasa a todos, y la cruda realidad es que a nadie le importa lo que digas, solo quieren que te vayas rápido y que llegue el próximo. Verás cómo todos te evitan y nadie quiere verte, y pocos o ninguno siguen tus «sabias» directrices. Es mejor hacer nuevos amigos, viajar para que olvides y te olviden.

Es una triste realidad que todos ven menos uno mismo y los manzanillos a tu alrededor, que ya cambiaron de lealtades, solo buscan cómo congraciarse con los demás.

Y solo queda mientras todo el mundo va aceptando la verdad, cantar junto a Héctor Lavoe y Willie Colón: Todo tiene su final. Nada dura para siempre. Tenemos que recordar que no existe eternidad.

 


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