OPINIÓN

Pandemia y corrupción

por Alberto López Núñez Alberto López Núñez

Sin lugar a duda la más grave afección que aflige a América Latina es la corrupción, es endémica y permanente. Ella existe desde la Colonia, y se extiende desde la frontera con Estados Unidos hasta la Patagonia. Incurre en ella todo el espectro político: izquierda, centro y derecha. Definitivamente una de las principales causas de nuestro subdesarrollo  es la corrupción.

La pandemia del covid-19 en América Latina nos enseñó varias cosas, en primer lugar, que la corrupción está en el genoma sociopolítico del continente. El hecho de que se medre a costa del sufrimiento ocasionado por la epidemia es evidencia de un envilecimiento detestable. También la corrupción con ocasión del covid-19 ha demostrado que no existe voluntad política para acabar con ella, la lucha anticorrupción es pura retórica vacía.

De existir voluntad política se aprovecharía el estado de excepción para castigar ejemplarmente al menos a los corruptos que se han aprovechado de la crisis, pero nada se ha hecho al respecto. Finalmente, el discurso romántico de que saldremos de la pandemia hacia un nuevo mundo ideal también es retórica; si las epidemias existen desde los tiempos bíblicos ¿por qué de esta saldrá la humanidad totalmente reformada, que hace esta pandemia diferente de todas las otras que para nada han cambiado la naturaleza humana? Lamentablemente, en el mundo de la pospandemia seguirán existiendo todos los males que han aquejado la humanidad, pues ¡esa es la naturaleza humana!

Aterrizando en Colombia, me gustaría plantear una utopía en el manejo de la crisis:

Como señalé arriba, esto es una utopía, pues ya se comprobó que el “establishment” acepta de buena gana la instauración del socialismo del siglo XXI, siguiendo la cartilla del Foro de Sao Paulo, con la elección de Fajardo o Petro. Todavía confío en el milagro de que el pueblo colombiano se rebelará y le dará una patada en el trasero a ese “establishment” arrodillado al narcoterrorismo comunista y elegirá a un “outsider” que hará una restauración nacional, se necesita un Núñez del siglo XXI.