Las nominaciones al Oscar 2025 dejaron a su paso una reflexión de interés que, con toda seguridad, se verá reflejada en sus ganadores. La de un panorama más amplio, completo y atípico de nominaciones. Pero además, una presencia femenina que abre las puertas a nuevos horizontes cinematográficos.
En el futuro, es probable que la temporada de premios 2025 se recuerde por sus puntos más controvertidos. De la grave crisis de reputación que sepultó las oportunidades de Karla Sofía Gascón de hacer historia, a la llegada de una película de terror sobre la vejez y la violencia estética a la lista de mejores cintas del año. Lo cierto es que las diferentes premiaciones atravesaron el terreno espinoso de temas como inclusión, punto de vista sociales y culturales e incluso, qué es el cine en la actualidad.
No obstante, fueron las nominaciones al Oscar las que demostraron que Hollywood está prestando atención a las señales sobre una necesaria evolución en el discurso, el tono y la forma de entender la industria cinematográfica contemporánea. En especial, cuando las diferentes categorías exploraron en una idea clara: la meca del cine necesita repensarse, reconocerse, crecer y profundizar en un mundo que evoluciona con una inusitada rapidez.
Con las redes sociales como herramienta central y el streaming como opción a vencer, el cine tradicional debe encontrar una manera de brindar nuevo brillo a sus propuestas. Todavía más importante, hacerlas pertinentes y significativas en un mundo especialmente complejo y en plena ruptura de paradigmas políticos. Un reto que supone que Hollywood y en general, el cine mundial pueda analizar su propia trascendencia a través de un legado cada vez más amplio. Algo que las nominaciones al Oscar 2025 dejaron claro.
Fernanda Torres, la política y el buen hacer narrativo
Una de las grandes sorpresas de las nominaciones al premio Oscar 2025, fue la nominación de la cinta brasileña Aún estoy aquí de Walter Salles como mejor película y la de Fernanda Torres, a la de mejor actriz principal por su actuación en la producción. La dupla convierte al filme, que indaga sobre los duros años de represión en Brasil en la década de 1970, en una de las grandes cintas de la contienda. Pero también en un mensaje político directo.
Por un lado, se encuentra el discurso que maneja Salles y la forma en que reflexiona sobre la memoria, el autoritarismo y el miedo. La cinta cuenta la historia de Eunice Paiva (interpretada por Torres en la ficción), un ícono de la defensa por los derechos civiles y la representatividad política en su oriunda Brasil. Pero en la trama, Eunice es un símbolo de esperanza, resiliencia y templanza. La historia regresa a la mediana edad del personaje, cuando debió ser testigo impotente del secuestro y posterior desaparición de su esposo Rubens Paiva, exdiputado y esforzada figura política de izquierda en plena dictadura militar brasilera.
Por lo que Aún estoy aquí es tanto una película como una reconstrucción de una de las épocas más duras del país. También, un duro y elegante alegato contra la opresión, la opresión sistemática y al final, la pérdida de libertades. No es casual que, en mitad de una época especialmente conflictiva en Norteamérica, los votantes hayan dado reconocimiento a un argumento que plantea la pregunta acerca de la visibilidad ciudadana en tiempos de crisis ética.
Mucho más importante, todavía, es la nominación para Fernanda Torres. La ya ganadora del Globo de Oro 2025 por su actuación en la cinta, ha promovido la conversación sobre una serie de temas controvertidos y dolorosos en Brasil, en donde la película ya es un éxito. Pero mucho más, su retrato de Eunice, como símbolo de las madres y esposas que debieron luchar contra un sistema corrupto sin otra arma que su voluntad. La actriz, considerada parte de una dinastía de actrices con una herencia determinante en el mundo artístico brasilero, es también una demostración de que Hollywood está dispuesto a reconocer la importancia, talento y el significado de actores — y su trabajo — más allá de sus propios ámbitos.
La sustancia y lección sobre la agresión moral
Por décadas, Hollywood ha sido especialmente mezquino en dos puntos específicos. Por un lado, en reconocer el valor de las mujeres en la dirección, que abarca apenas 8 nominaciones para directoras a lo largo de 97 años de historia. Al otro, al celebrar el cine más allá del drama o la consabida pieza histórica, favoritas de los diferentes gremios de votantes. Por lo que el Oscar 2025 es especialmente importante al poner atención en ambas circunstancias con una decisión de capital interés a futuro.
Todo, gracias a las significativas nominaciones que recibió La sustancia, entre ellas a mejor película del año, mejor actriz principal, mejor guion y mejor directora. La insólita creación de Coralie Fargeat, sorprendió desde su estreno en el circuito de festivales y tomó por asalto al mundo del cine mundial. Mucho más, cuando se toma en cuenta los temas que plantea: el argumento sigue a Elizabeth (Demi Moore), una actriz en sus cincuenta que ve su carrera arruinada por el mero hecho de envejecer. Algo que la lleva a utilizar una tecnología capaz de devolverle la juventud — o lo intenta — a un altísimo precio físico, mental y espiritual.
A mitad de camino entre la sátira, el body horror y una violenta crítica acerca de la misoginia del mundo del espectáculo, la cinta es también un alegado acerca del terreno movedizo en que deben moverse las mujeres en el ámbito del entretenimiento. Una situación precaria que llevó a su Fargeat, a escribir un guion en que plasmara sus temores, una vez que llegó a los cuarenta años.
Más importante todavía, es que la propia Demi Moore, experimentó un revival de su casi extinta carrera cinematográfica, con un papel que profundiza, en justo, los elementos que casi la enviaron al olvido de la industria. Primero limitada y restrictiva por las opiniones machistas de productores y directores acerca de su talento, después por ser una mujer de más de cuarenta en un mundo en que se prohíbe envejecer, Moore encontró en “La sustancia” su momento para brillar. En específico, encarnar el poder del cine para debatir sus propias e incómodas aristas, en un escenario descarnado, con un humor lúgubre y un retorcido sentido de la oportunidad.
La combinación se convirtió en un explosivo éxito que logró no solo la primera nominación al Oscar de Moore en toda su carrera de más de cuenta años en Hollywood. También, que reconoció el talento de Fargeat como escritora y directora. Un logro histórico que se une al reconocimiento de Hollywood del poder, la complejidad y la inteligencia de premisas de géneros supuestamente minoritarios como el horror, el terror o la ciencia ficción. Todos puntos que el Oscar 2025 ha tenido en cuenta en sus nominaciones.
Y a pesar de todo, Emilia Pérez
Sin duda, Emilia Pérez trajo consigo una buena dosis de debate y polémica a la temporada de premios. El musical de Jacques Audiard, escrito en francés y por franceses, para retratar a México, resultó en una premisa que escandalizó y obligó a la discusión sobre la representatividad real. A medida que la temporada de premios avanzó y las críticas se hicieron más duras, algo quedó claro: Emilia Pérez era el símbolo de la forma en que una parte de Hollywood continúa interpretando temas controvertidos.
Pero esa misma superficialidad, permitió que se profundizara en qué hace a la inclusión necesaria y el motivo por el cual, la visibilidad de minorías, en forma sensible y respetuosa, es necesaria para el cine. A pesar de sus numerosas controversias, el mensaje de y por Emilia Pérez es claro. Hollywood está listo para la conversación que aclare en qué se basa el verdadero sentido de la inclusión. Un tema que, hasta ahora, había sido romantizado y trivializado. Algo más que agradecer a las extrañas nominaciones del Oscar 2025.
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