Hoy por hoy, los partidos políticos en general han dejado de representar a las grandes mayorías o de representar a los diversos intereses de los ciudadanos. Por el contrario, la clase política prefiere la exhibición mediática, el “análisis” antojadizo en un set de televisión o una columna de opinión para poder así decir que están “in” y no “out” de la problemática nacional (e ¿internacional?).
Hubo un tiempo en que los partidos políticos disputaban el sentido común del espacio público. Tenían periódicos, participaban por medio de bibliotecas populares, de la vida literaria, del quehacer en las ciencias sociales. Sí, hubo un tiempo. Hoy por hoy, ya no disputan el sentido común; “negocian”, “creen oportuno” ser realistas en un mundo cada vez más banal y ganado por los impulsos de las redes sociales, la televisión, los influencers y opinólogos. Se acoplan. No crean canales alternativos ni narrativas al discurso dominante del sector de la coalición paniaguista; salvo muy pocos, como es el caso de este medio periodístico digital y otros.
Con ello no quiero decir que nos quedemos en la añoranza. En lo más mínimo. Debemos, y es nuestra obligación desde cualquier tribuna –sea militantes o no de un partido político o académicos independientes–, generar una agenda pública de los retos que necesita asumir el país para salir de esta premodernidad en la que nos encontramos.
Para poner un ejemplo. Conversando y revisando notas de mis alumnos y alumnas de universidades públicas, puedo apreciar que nuestra historia lejana y más reciente es un tema desconocido o de precario conocimiento. ¿Qué hemos hecho los docentes universitarios y de colegios públicos y privados para cambiar en todo este tiempo la situación en la que se encuentran millones de jóvenes que no reconocen muy bien su condición de ciudadanos? Pues simplemente nada.
Ese es un ejemplo claro de que los partidos (¿y la sociedad civil?) tienen una responsabilidad política sobre la situación en la que se encuentran millones de peruanos. Los medios de comunicación (al igual que escuela y la universidad) tienen un rol protagónico sobre nuestra condición de ciudadanos. Es una disputa de poder con los que no quieren un país culto. ¡Es hora de ponerse el alma!
Artículo publicado en el medio peruano El Reporte