Las elecciones del pasado fin de semana en la República Islámica de Irán dieron la victoria a Masoud Pezeshkian, un exministro de Salud y cardiocirujano, al cual el régimen de los ayatolás quiere vender como un reformista moderado.  Algunos ya han creído el cuento persa.

Irán reafirmó su cercanía con Putin. En una llamada telefónica Pezeshkian manifestó su alianza con el régimen de Rusia y su deseo de firmar un acuerdo estratégico de cooperación por 20 años. El doctor y presidente iraní no dijo nada sobre la masacre a un hospital infantil en Ucrania.

Irán ha sido socio estratégico de las dictaduras de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Siempre ha suplido tecnología y entrenamiento bélico. En estas líneas estratégicas la tiranía cambia de rostro, pero no de ruta.

Pezeshkian expresó su invariable apoyo a los terroristas de Hezbolá. En una carta enviada a Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbolá, el nuevo presidente iraní exaltó las profundas raíces históricas con Hezbolá y su respaldo a lo que llamó la “resistencia” contra Israel.

Un doctor de la muerte. En 1979 el doctor Pezeshkian expresó públicamente su apoyo a imponer códigos morales contra las mujeres, implantar controles políticos y reprimir el sector universitario por la fuerza bruta. Su tono hoy es suave pero sus ideas son duras como antaño.

Irán es un régimen belicista. A pesar de su difícil situación económica, Teherán prioriza el financiamiento y equipamiento a milicias irregulares en el mar Rojo, Yemen, el Líbano, Siria, Irak y Baréin. Drones y misiles nunca faltan.

Las elecciones no fueron libres ni transparentes. Casi 60% de la población no votó. El mensaje fue claro, el pueblo no cree en las autoridades ni en los candidatos bendecidos por el líder supremo. Presionaron a la gente para que votara, ampliaron las horas de sufragio, pero nada cambió el hartazgo del pueblo con la farsa.

Un presidente sin poder. Pezeshkian es una marioneta del líder supremo. El presidente no tiene poder sobre el ejército, la policía o las criminales agencias de seguridad del Estado. Su lealtad y sus cargos dependen del líder supremo Alí Jamenei.

Crisis económica y necesidad de suavizar sanciones. El lavado de imagen lanzado por Irán responde a una estrategia urgente para aplacar la crisis que ha golpeado seriamente la economía y diezmado el respaldo popular en una nación de 89 millones de habitantes.

Asesinar mujeres, deportistas y disidentes. La dictadura de Teherán viene de una jornada de casi 3 años de fuerte brutalidad, ejecuciones públicas, reforzamiento de la Policía de la Moral y recrudecimiento de normas religiosas extremistas violatorias de los derechos humanos.

Romper con el aislamiento. Irán necesitará más que una cara nueva para romper con el aislamiento internacional. El régimen necesita eliminar su programa nuclear, reducir la represión contra mujeres, respetar derechos humanos y garantizar libertad de expresión. En suma, democracia y libertad.


El autor es periodista exiliado, exembajador ante la OEA y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK).


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