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El símbolo de la paz también es labiodental de victoria

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No tengo armas letales, tropas, ejércitos de mercenarios. He blindado mi psiquis para no ser tentado por criaturas que sólo merecen ser abominadas, no me deslumbran sus riquezas ni transitar por los caminos que han esmaltado. Para mí la ☮ es vida, pero mis enemigos dicen que la contienda una válida e ilegítima forma de subsistir.

Soy un adherente de la Conciencia Universal del Bien porque nunca será destruida: y, quienes la desconozcan o sitien lucirían herejes y serían denigrados como fallidos deicidas. Cierto que la desesperanza produce estupor y parece misiva de «presagio funesto». Bajo condiciones extremas, siempre superviviremos por cuanto lo que impera lo hace mediante espejismos. Ahí están esas imágenes ficticias que jamás se transmutarán en materia: pero angustian, irritan, deprimen o provocan frustración.

La Conciencia Universal del Bien es la inteligencia que no cesa ni suspende su reinado y complejidad en el firmamento. Mira severamente a los deicidas que –inmisericordes- presumen matarla de múltiples formas, empero no lo abate con violencia sino recordándoles que ellos no existen.

La Conciencia Universal del Bien es el ser humano auténtico que escucha inamovible los improperios de los equivocados que conforman turbas de salvajes. Adviene en forma de videncia, prognosis y el ectoplasma de la Razón Suficiente. Permanecemos en  el mundo oficiándoles extremaunciones a nuestros ofuscados agresores.

La Conciencia Universal del Bien lo somos cuando, tras advertir la fatalidad, impulsamos el salto de nuestra percepción y discernimiento filosófico hacia la quiescencia que siempre aguardará. No esquivará el sufrimiento, aun cuando se presentare sin ser convidado. Lo rebasa superándose con la extirpación de sus abscesos. Es la antítesis de los actos fallidos del ego arrogante.

La Conciencia Universal del Bien no está en guerra ni las emprenderá, es compendio de actos benévolos de un gnóstico sin protocolos ni histrionismos previos. Conoce a quienes por su mala fe no brillan en las comunidades: están muertos pero publicitan el espejismo de llevar una vida poderosa y privilegiada.

Jamás nadie aventajará. La Muerte atestigua en la inmensidad, es temida por quienes siembran desolación. No semeja al vetusto «Pino Bristlecone», ni  la «Almeja de Islandia» y la «Cinachyra Antárctica». Ella es provecta y no le asombra la cíclica pero espumosa aparición del Látigo Antropomórfico pretendiendo fuetear su espalda.

La Conciencia Universal del Bien conjura sin ser hechicera. No es verdugo de cadalso pero tampoco obstruye a quien horca quiere. Permitirá que los dolientes enciendan la soga del ajusticiado, la la llamarada cremará al escindido.

Cada madrugada lo constato: el enemigo de la Humanidad ignora que es difunto desde el instante cuando se da la tarea suicida de exterminarla. Ilusos y ridículos creen escupir sobre la imaginaria tumba de la Muerte cuando la temporalidad los ata con estupor. Quienes no se inmolen, rindan ni capitulen serán fáciles presas cuando los castigadores los embosquen.

albertjre2009@gmail.com 

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