La Orquesta Sinfónica de Venezuela Simón Bolívar es la obra formidable de la pasión por la música.
José Antonio Abreu Anselmi, barquisimetano nacido en Valera, comenzó sus estudios musicales con la pianista Doraliza Medina en la ciudad capital de esa bella y sublime expresión de las Bellas Artes. Mira de cerca las raíces populares de la tradición musical venezolana, llegando a Caracas con una fina sensibilidad para apreciar las ausencias de la formación intelectual íntegra de nuestra juventud. En la legendaria Escuela José Ángel Lamas estudia la composición, el piano, el órgano y el clavecín, en suerte, sus maestros, los mejores, Vicente Emilio Sojo, Moisés Moleiro y Evencio Castellanos. En seguida, la dirección de orquesta con Gonzalo Castellanos.
En 1975, ocurre un acontecimiento trascendental, funda la Orquesta de jóvenes Juan José Landaeta, autor del Gloria al Bravo Pueblo, decretado por Antonio Guzmán Blanco Himno Nacional de Venezuela, nuestra única patria. Génesis de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar con acta de nacimiento de 1978 es la piedra de toque sobre la cual se levanta el Sistema”, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.
El Sistema Nacional de Orquestas y Coros juveniles e infantiles de Venezuela, su nombre propio, es un innovador método educativo que utiliza la música como vía de inclusión social. José Antonio, académico, economista brillante, profesor de Economía y músico excelso define su obra así “las Orquestas y los Coros son verdaderas escuelas para la vida, son terrenos fértiles para los niños, las niñas y adolescentes que en ellos cultivan sus aptitudes y actitudes y aprenden sus valores éticos, cívicos y estéticos”. En definitiva, la idea absolutamente innovadora ha inspirado programas similares en todas partes del mundo, la verdad fue el gran proyecto de su vida.
Sin embargo, una mención completa de su vida auténtica y fructífera no lo sería sin la mención de su condición de economista sobresaliente por la Universidad Católica Andrés Bello de la Compañía de Jesús, porque refleja su profunda formación cristiana y la doble vocación, de impartir docencia, para terminar sus clases con los alumnos aplaudiendo de pie y, al mismo tiempo, formar hombres de bien para servir al país.
José Antonio fue un Maestro de Maestros. Eduardo Marturet, afamado director de orquesta de larga pasantía en el Reino Unido, Cambridge, fue uno de sus discípulos más distinguidos, cuenta una anécdota en uno de los diarios principales de Caracas, su relato como sigue: director del Teatro Teresa Carreño al celebrar la apertura de la temporada de ópera en 1985, dirigiendo El Barbero de Sevilla, al frente de la Comisión llegando al lobby muchas personalidades del mundo cultural y político, el doctor Gonzalo Barrios con su acostumbrado sentido del humor me comenta, sabía usted maestro que todas las historias de las óperas son iguales “el tenor siempre pretendiendo acostarse con la soprano y el barítono no lo deja”. Marturet comprensivo recibió el comentario con una amplia sonrisa.
La restauración de Notre Dame, la preciosa catedral parisina, elevada a los cielos de la literatura universal por Víctor Hugo, ha recibido encantada el homenaje rendido por la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela.
Un triple aniversario marca el comienzo del año. El edificio de la Filarmónica de París concebido por Jean Nouvel; La Cité de la Musique diseñada por Christian de Portzamparc y la Sinfónica de Venezuela fundada por José Antonio Abreu hace 50 años. Las tres iniciativas tienen en común la historia singular, la dura batalla librada para persuadir de la necesidad artística y social de su proyecto.
El 12 de enero, apenas unos días atrás, viajé a París a fin de estar en el Concierto de la Sinfónica de Venezuela dirigida por Gustavo Dudamel, antes sin embargo, visité Notre Dame bordeada por el Sena, vecina ilustre de la Sainte Chapelle y la Conciergerie, enmarcada entre los Boulevards Saint Michel y Saint Germain des Prés. Sentí una profunda emoción al verla restablecida, firme como eterna Arquidiócesis de París. Inmediatamente del Quartier Latin al parque de la Villette, donde se alza la monumental Cité de la Musique, sede de la Filarmónica de París.
A las 4:00 de la tarde entramos a la deslumbrante Salle Pierre Boulez. Puntualmente el concertino anunció el comienzo del concierto y la entrada en escena de Gustavo Dudamel, el joven y carismático director, una de las primeras batutas de la actualidad.
El programa empieza con la Sinfonía N°3 en re menor de Gustav Mahler, el excelso director bohemio del Romanticismo. Destaca a continuación Yuja Wang, la bellísima y charmante pianista china, que llevó a la cúspide la emoción del público con su ejecución impecable del Concierto para piano N°1 en si bemol menor op. 23 de Piotr Tchaikovski, llevada de la mano del director larense. Después Jorge Glem muestra la sublimidad del cuatro en la composición Concierto para Cuatro y Orquesta “Odisea” del caraqueño Gonzalo Grau. Para cerrar el famoso Bolero de Maurice Ravel escrito en 1928, cuyo estreno estuvo a cargo de la Orquesta de la Ópera de París u Ópera Garnier, nombre del polémico arquitecto de los tiempos de Napoleón III.
Mis palabras tienen el vivo sentido de reafirmar el compromiso de quienes honramos la memoria y condición humana de José Antonio Abreu, también compromete -pone en un compromiso- a quienes intentan traicionarla.
Jesús Eduardo Troconis es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III de Madrid
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