No hay la menor duda de que el año 1998 quedará marcado como un hito histórico y político en la historiografía venezolana. El sistema político experimentó un proceso de mutación y transformación en cuanto a sus actores, al modelo político y posteriormente, incluso, la promulgación de una nueva Constitución.  A las ciencias sociales y económicas les ha correspondido la tarea de abordar la problemática que viene experimentado Venezuela en el seno de su sistema democrático, su entramado institucional y legal, el avance de la llamada revolución bolivariana no es indefenso, sino que ha producido un deterioro en el funcionamiento de la democracia. Si bien es cierto en el pasado cercano los excesos de partidismo afectaron el funcionamiento y la propia gobernabilidad democrática en Venezuela, no es menos cierto que el país viene presentando una merma importante de su democracia, procedimientos, actores y desempeño.

Diversos autores han reflexionado alrededor de la democracia, ciertamente la democracia constituye un ideal que pretende la libertad y la igualdad de los seres humanos. Ese ideal pretende hacerse efectivo, en la práctica, a través de un conjunto de normas e instituciones específicas, dando origen así a modernos sistemas políticos democráticos. Si bien la democracia como régimen y ordenamiento político, al igual que como ideal de libertad e igualdad de nuestros ciudadanos.

En este momento histórico, en nuestro país, surgen todo tipo de protestas sociales. Maduro busca rápidamente controlar la opinión pública para imponer su sinrazón, incluso activando circunstancialmente un blackout informativo del que ni las redes sociales se salvan. Las fuerzas represivas del Estado están activadas en las calles, las tanquetas circulan donde existan concentraciones y detienen violentamente a los manifestantes. Lo grave es que se confunden Estado y gobierno, y lo que brota es la cabeza del totalitarismo puro, situación que hace que no funcionen los niveles intermedios que son los que tienen la misión para solucionar las diversas demandas económicas, sociales y políticas de los venezolanos, sin distingo de ideologías políticas.

Con la gestión de Maduro se viene configurando la ingobernabilidad, situación lenta que arruina peligrosamente la democracia, mostrando un escenario económico, social y político de destrucción que se compara con la temeridad en cualquier decisión.

La política del país renunció a las costumbres de negociación dialogada y se transforma en un escenario de lucha por el poder de forma irracional. La oposición se mueve con posturas y estrategias que se deslizan en algunas contradicciones que no le permiten lograr el objetivo del cambio político; mientras, Maduro no pierde tiempo, maneja esta perturbación sustancial articulando estrategias y tácticas de su tablero político/electoral con el apoyo de la mayoría de los poderes del Estado. El objetivo final es mantener el poder cueste lo que cueste.

Es indiscutible, Nicolás Maduro no es Hugo Chávez, la revolución sin su comandante tiene una bitácora desorientada para buscar rápidas salidas, es innegable que la revolución bolivariana está entrampada en su propio laberinto y no está en discusión, buscará cualquier escapatoria que le pueda beneficiar el próximo 28 de julio.

Vivimos en una Venezuela compleja por la naturaleza de sus crisis, convoca a entender que estamos a pasos de la ingobernabilidad, la revolución ya no responde ni siquiera a los intereses más básicos de la población en general. En otras palabras, la revolución tiene muchas fisuras difíciles de recomponer, entre ellas ya no conecta con 83% de los venezolanos que pide a gritos en las calles de Venezuela cambio político ya.

La ingobernabilidad no es un estado de encendido/apagado. Es una situación gradual y llega a tal punto que la complejidad en las diferentes crisis que transita Venezuela se pudiera percibir como algo normal, lo que impide ver la realidad concreta. Lo grave es que puede estarse viviendo en la ingobernabilidad sin estar plenamente consciente de su agudeza. La ingobernabilidad tiene circunstancias graves de convulsión, desorden y perturbación, además se considera como la desobediencia civil al orden establecido. En muchos de los gobiernos del mundo se han dado gestiones gubernamentales que no responden a la voluntad popular y esto ha hecho que la mayoría de las personas al no estar identificado con ese gobierno, no haga suyas las líneas y ejecutorias del poder, legalmente establecido o no.  Es decir, la ingobernabilidad es un momento de emergencia política producido por el descontento social, el concepto que en su esencia tiene analogía con nuestra realidad nacional.

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