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De Netflix a la viruela del mono

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El mundo no sólo cambió con el advenimiento de la globalización en la segunda mitad del siglo XX, sino que en pleno siglo XXI el mundo sigue cambiando. Las formas de concebir la vida, los hábitos, el espacio, el tiempo, las obligaciones, la educación, los roles, las ideologías, el papel del Estado, el trabajo, la familia, las estructuras, la comunidad, las instituciones, la pareja, la inteligencia artificial y para usted de contar estimado lector están mutando día a día.

Basta leer los últimos ensayos o releer los anteriores escritos de autores como Zygmunt Bauman, Tzvetan Todorov, Daniel Innerarity, Tony Judt, Ulrich Beck, Arjun Appadurai para significar e inferir que nuestras vidas se desenvuelven en medio de una vorágine que pareciera replantea los cánones tradicionales. Asistimos a una época ciertamente confusa y excesivamente dinámica y mutante, emergen un sinnúmero de dinámicas, situaciones, fenómenos y demás que perfilan e impulsan transformaciones y cambios en muchos ámbitos, y especialmente en nuestras concepciones replanteándose precisamente los parámetros a través de los cuales pensamos, tomamos decisiones y existimos.

Vivimos un mundo que se debate entre certezas e incertidumbres, y una avalancha de retos y desafíos que no tienen antecedentes en épocas anteriores, la rapidez e intensidad de los cambios nos dejan a veces perplejos, se quiebran los referentes, y por ende, los ciudadanos requerimos nuevos códigos, herramientas, esquemas y enfoques para interpretar la sociedad actual, y no sólo sobrevivir a las pandemias como el covid 19 (SARS-CoV-2.), o nuevos virus como la viruela del mono, sino otros virus como la corrupción, la trata de seres humanos, nuevas y sofisticadas esclavitudes, terrorismos variados, poderes ocultos que amenazan y enfrentan al Estado, nuevas xenofobias, la degradación de la condición humana en algunos de nuestros países y sociedades, entre otros fenómenos registrados.

Pareciera que la vida de hoy es más azarosa o arriesgada, además de mediatizada o influida a niveles inimaginables por nuevas adicciones Netflix, Instagram, TikTok, Twitter, y en simultaneo, nos corresponde debatirnos entre certezas e incertidumbres permanentemente, tomar decisiones sean pequeñas o más relevantes porque en el mundo actual emergen nuevas preocupaciones a las que nos enfrentamos a diario y donde los patrones o esquemas que teníamos poco aportan a la hora de decidir en la contemporaneidad.

La saga de libros y ensayos de Zygmunt Bauman nos dan luces para interpretar los cambios epocales y la velocidad e intensidad de los mismos. Bauman nos habla de modernidad líquida, sociedad líquida o amor líquido para definir el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de nuestros abuelos o épocas anteriores, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido o desdibujado. Y han dado paso a un mundo más precario, provisional, efímero, ansioso de novedades y, con frecuencia, hasta agotador.

No hay antecedentes para explicar los cambios actuales con ninguna época o etapa anterior. No estamos en contra de la tecnología todo lo contrario difícilmente pudiésemos vivir hoy sin la presencia de tantos adelantos tecnológicos. Sin embargo, es preciso recalcar que nuestro tiempo transcurre a mayores velocidades que épocas anteriores, son las mismas horas y días, pero la forma de vivirlos es diametralmente diferente. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que el cambio es una constante en la vida de hoy.

Zygmunt Bauman en su «Modernidad Líquida» es certero al señalar que “hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario»… y agrega … «pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente”.

Uno de los aspectos actuales que producen grandes incertidumbres en los ciudadanos a escala planetaria, y más todavía, en nuestros países latinoamericanos (ni hablar de Venezuela) es la debilidad del Estado, la precariedad de las instituciones, la carencia de Estado de Derecho, la ausencia de sólidos partidos políticos, de una clase política proba, sería, vanguardista y responsable ante sus ciudadanos, y por supuesto, una orfandad total y estado de incertidumbre cuando tenemos un Estado y gobierno que se desentiende de sus ciudadanos al no darles seguridad, educación, garantizarles transporte, salud, empleo, salarios dignos, poder adquisitivo, energía eléctrica. Por tanto, las certezas se reducen y las incertidumbres aumentan y se convierten en auténticas pesadillas cotidianas.

Frente a la deshumanización se requieren replantear los roles de las instituciones encargadas de socialización, entre ellas el papel de la familia, la educación, la religión y otros, como ámbitos formativos de referentes y certezas en el vertiginoso siglo XXI en el que nos corresponde vivir. Abrazamos los cambios, las innovaciones y demás, pero como ocurre cuando el medico coloca ciertos tratamientos donde se requieren protectores gástricos para contrarrestar o reducir los efectos perniciosos o colaterales del tratamiento mismo.

* Profesor de la Universidad de Los Andes E-mail: [email protected]

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