En un artículo publicado hace unas semanas me refería a Benjamín Rausseo como el sospechoso candidato outsider; sin embargo, las sospechas se van disipando y las costuras se le van viendo a alias Er Conde del Guácharo.
Rausseo descartó abiertamente entregar a los jerarcas chavistas a las autoridades internacionales.
“Yo no me veo poniendo a nadie en bandeja de plata” fue la justificación que dio el aspirante a presidente de Venezuela, cuando se le consultó por el destino judicial que le esperaría a Diosdado Cabello y a los otros cabecillas del chavismo si él llegase a ocupar la silla presidencial.
Hay que recordar que juzgar a los delincuentes es un acto de mera justicia y que no le corresponde al presidente de un país arbitrariamente pasar por encima de las leyes. Resulta ofensivo para toda una nación que un candidato prometa la impunidad para los delincuentes.
Venezuela está secuestrada desde hace años y el señor Rausseo no parece tener claro que con los criminales hay que tener mano dura y que los poderes públicos deben ser independientes. Todos sabemos que las próximas elecciones previstas para el 2024 son parte de un circo controlado por el régimen chavista; sin embargo, no faltan personajes como Er Conde del Guácharo, dispuestos a relativizar la magnitud del daño que la dictadura le ha hecho a millones de venezolanos.
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