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Algunas nociones sobre el wóke

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Con toda seguridad, amable lector, usted habrá escuchado hablar de esos raros anglicismos que, a primera vista, le recuerdan alguna sofisticada comida oriental o un extraño utensilio de cocina. Pero no, no es así, pues se trata, según el Diccionario de Oxford, del término “woke”, que describe a alguien «( … ) alerta ante la injusticia en la sociedad, especialmente el racismo» o, como dice el diccionario Merriam-Webster, el estado de alguien que está «( … ) consciente y atento a los hechos y cuestiones importantes (especialmente en relación con la justicia racial y social)«. Se trata, por tanto de una jerga estadounidense, esa que conocemos como “slang” y que, castellanizada, se conoce como wóke[1].

Etimológicamente, wóke proviene del inglés afroamericano vernáculo (African American Vernacular English) y originalmente significaba estar despierto o consciente de la injusticia social; y tiene algunas variantes:

– El “Movimiento wóke” se refiere a un conjunto de ideas, actitudes y acciones sociales que surgen principalmente en torno a la justicia social, los derechos civiles y la lucha contra diversas formas de discriminación, como el racismo, el sexismo, la homofobia y lo que denominan otras formas de opresión.

– La “Agenda wóke”, que desarrolla el movimiento wóke en espacios como la política, la educación, la cultura y los medios de comunicación. la equidad de género, la diversidad racial, el reconocimiento de derechos de la comunidad LGBTIQ+, la revisión de la historia colonial y el uso del lenguaje inclusivo.

– La “censura wóke”, a la que aludió Santiago Abascal hace pocas horas durante la Conservative Party Action Conference (CPAC) en Washington, cuando se reunió con el magnate Elon Musk y le agradeció por «haber devuelto la libertad» a la red social X (antes Twitter), afirmando que «( … ) el fin de la censura woke es una reconquista histórica de libertades«.

Por su parte, se conoce como wokismo -en inglés «wokeism«- una forma peyorativa de referirse al “Movimiento wóke” y a la “Agenda wóke”, y sus críticos la utilizan para sostener que el «wokismo» promueve la censura, el pensamiento de grupo y políticas que pueden llegar a ser autoritarias o poco realistas.

En cuanto a sus orígenes, el “Movimiento wóke” tiene raíces en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, particularmente en el activismo afroamericano. Destaca Marcus Garvey, un predicador, periodista y empresario británico nativo de la Jamaica colonial, fundador de la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA, por sus siglas en inglés), quien promovía la idea de estar «despierto» frente a la opresión racial.

En el mismo orden de ideas, se pueden mencionar a Martin Luther King Jr. -célebre por su famoso discurso “I have a dream”-, en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, que si  bien no usó el término «woke«, su lucha contra la segregación inspiró su evolución; y a Malcolm X, quien   en la misma época defendía la conciencia racial y la resistencia a la opresión.

Durante la primera década del siglo XXI, wóke, además del activismo racial, abarcó otros temas como los llamados de género, y los de identidad y justicia social desarrollados por activistas estadounidenses dentro de los que se puede citar a Angela Davis, Judith Butler y Kimberlé Crenshaw, pero también ha tenido sus detractores. En España, Fernando Savater ha afirmado que “Nuestra civilización está siendo atacada por la cultura woke […]”. En este contexto, durante la inauguración del I Encuentro Iberoamericano de Profesores de Humanidades, celebrado en marzo de 2023, el prestigioso filósofo y humanista señaló que los enemigos de las humanidades no son la ciencia ni la tecnología, sino «los caprichos y las estupideces«.

En Estados Unidos, Camille Paglia, feminista y académica ha denunciado la censura y el dogmatismo del movimiento wóke en la educación y el arte; en Canadá, Jordan Peterson, psicólogo y filósofo canadiense, se ha opuesto a las políticas de identidad de género y a la imposición del lenguaje inclusivo por la fuerza; y el pensador marxista Slavoj Žižek, en Eslovenia, ha hecho uso de la expresión «virus de la mentalidad woke» al señalar que el wóke actúa como una especie de dogma que sofoca el pensamiento crítico y la posibilidad de un verdadero debate dentro de la izquierda.

En el contexto de las democracias europeas y latinoamericanas, la llamada «agenda wóke» genera tanto apoyo como oposición, dando lugar a un profundo debate sobre sus implicaciones en la política, la cultura y la sociedad. Por un lado, sectores que se dicen progresistas y organizaciones de derechos humanos promueven su agenda como una vía para la inclusión y el reconocimiento de derechos, en donde navegan Amnistía Internacional y Human Rights Watch mientras la ONU ha promovido iniciativas relacionadas con la equidad de género, diversidad racial y derechos de la comunidad LGBTIQ+.  El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, aunque no son movimientos exclusivamente wóke, han incorporado algunos elementos de esta ideología en su discurso y estrategia política. Siempre a la caza de las democracias, como es usual para los comunistas y sus adláteres.

Como se observa, el movimiento wóke puede considerarse el motor ideológico y activista de la lucha por la justicia social, mientras que la agenda wóke representa la materialización de estas ideas en políticas y acciones concretas. Sin embargo, es importante tener presente que el wokismo, de manera subrepticia, puede erosionar los fundamentos de la democracia y el Estado de Derecho, allanando el camino a formas autocráticas bajo el pretexto de instaurar los derechos que dice defender.

En definitiva, wóke ha pasado de ser una simple alerta contra la injusticia social a convertirse en un movimiento con profundas implicaciones políticas y culturales que a su vez genera profundas dudas porque si bien sus postulados iniciales pueden parecer legítimos en la lucha contra la discriminación y la promoción de la igualdad, la evolución de su agenda ha suscitado preocupaciones sobre su impacto en la democracia y la libertad de expresión. La imposición de un pensamiento único, el uso de la censura y la polarización extrema son algunos de los riesgos asociados al wokismo. Por tanto, resulta esencial fomentar un debate abierto y plural, donde la defensa de los derechos y la justicia social no se traduzca en la erosión de los principios democráticos y del Estado de Derecho. De lo contrario, el wóke, si quiere competir lealmente en el mundo de las ciencias sociales y la política, tiene que ajustarse a las reglas de la democracia y la libertad.


[1] La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) señala que, si se pronuncia como en inglés (/wóuk/), debe escribirse en cursiva. Si se adapta la pronunciación al español (/wóke/), puede escribirse en redonda y sin comillas. Optaré por esta última recomendación. Véase: https://elpais.com/cultura/2024-12-13/dana-fango-gordofobia-mena-narcolancha-y-woke-entre-las-candidatas-a-palabra-del-ano-segun-la-fundeurae.html?utm_source=chatgpt.com

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