
La bailarina venezolana Laleska Seidel ha insistido, a lo largo de su carrera en el ballet, en luchar con su talento por sus sueños. A los nueve años comenzó a estudiar danza en la Escuela de Ballet Clásico María Teresa Alford de Barquisimeto, Lara, ciudad en la que pasó gran parte de su infancia a pesar de nacer en Valera, estado Trujillo. Comenzó en el ballet porque sus padres querían que, tanto ella como su hermana menor, hicieran actividades extracurriculares en las tardes. La joven, de ahora 25 años de edad, decidió sumarse a las clases sin grandes aspiraciones. En ese entonces le era imposible saber que, con el tiempo, desarrollaría una gran pasión por la danza clásica que la llevaría, con esfuerzo y dedicación, a convertirse en primera bailarina del Ballet de Santiago, Chile, en enero de 2025.
Lo que comenzó siendo una actividad elegida para mantenerse ocupada en las tardes se fue convirtiendo, poco a poco, en el centro de su vida. Laleska Seidel llegó a la escuela de danza en el Centro Cultural de Cabudare, como principiante, a cargo de la profesora Katherine Heredia. Bastaron unas pocas clases para que su talento la llevara a tomar clases con la maestra María Teresa Alford, quien la marcó profundamente en esos primeros años.
A la par, comenzó a ver videos de bailarinas en YouTube. Su amor por la danza iba en aumento al ver cómo bailaban las intérpretes rusas Polina Semiónovaella o Maria Kochetkova. También la llenó de mucha inspiración conocer a la hija de su maestra, Oriana Plaza Alford, quien viajaba a Barquisimeto con regularidad. Laleska Seidel confiesa que cada vez que iba de visita se sentía inspirada: Plaza Alford era un ejemplo de cómo se podía vivir de la danza siendo ya adulta.
Así, sin saberlo, casi sin percatarse, su amor por el ballet fue creciendo hasta que la sensación de bailar sobre los escenarios en Caracas como parte de las competencias a las que iba la terminó de enamorar. Fue en una de esas oportunidades cuando conoció a Rumen Ivanov Rashev, fundador de Fundación Ballet de Las Américas. El maestro reconoció su potencial y decidió becarla en su escuela durante 12 meses. Seidel tenía entonces 13 años.

Foto Oscar Seguel Mangiola @racso1965
“Cuando empecé a ir a competencias, comencé a recibir reconocimiento, me daban becas y la gente me decía que era muy buena. Yo todavía no dimensionaba lo que pasaba. Experimentar la sensación de estar sobre el escenario fue haciendo que yo me diera cuenta de que el ballet me encanta”, confiesa.

De niña Seidel bailó El Cascanueces en diferentes roles | Foto Archivo
Era joven y apenas comenzaba. No creía, en ese momento, que pudiera vivir de la danza a futuro. Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad. Se mudó a Caracas con su mamá para seguir mejorando y todos los fines de semana, cuenta, viajaban a Barquisimeto para pasar tiempo con su familia. “Ese año mis papás hicieron ese sacrificio de separarse y mi mamá vino a acompañarme en todo el proceso”. El esfuerzo dio sus frutos, ser parte del Ballet de Las Américas como becada le abrió las puertas de uno de los recintos culturales más importantes del país: el Teatro Teresa Carreño (TTC).

Foto Oscar Seguel Mangiola @racso1965
El Cascanueces y Laleska Seidel
Cada año la escuela del Ballet de Las Américas es invitada a ser parte de uno de los espectáculos más reconocidos del cuerpo de baile del TTC: El Cascanueces del maestro Vicente Nebrada. En ese momento, la maestra Stella Quintana la escogió para participar en la temporada de 2013 como uno de los niños de la fiesta del primer acto. Fue la primera vez que Laleska Seidel bailó la célebre obra. Tuvieron que pasar otros tres años para que la joven intérprete pisara nuevamente el escenario del TTC. Cuando tenía 16 años volvió a Caracas, esta vez sola, sin su mamá, para estudiar otro año con el Ballet de Las Américas.
“La maestra Stella seguía teniendo contacto con el TTC, me dijo que fuera a tomar clases allá y ver si me elegían para hacer los roles de Clara y la Reina de Azúcar, los roles principales del espectáculo. Fui al TTC y tomé clases con ellos. Me escogieron como Clara, como hada del azúcar y también como parte del reino de los copos de nieve. Hacía de todo. Los roles principales fueron como un sueño, no me lo esperaba para nada, fue hermoso poder bailarlos”.
El Ballet de Santiago anunció un nuevo ascenso para la temporada 2025
El director artístico de la compañía, César Morales, anunció el ascenso de Laleska Seidel a la categoría de Primera Bailarina, por su destacado desempeño profesional.
¡Felicitaciones, Laleska!
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— Teatro Municipal de Santiago (@MunicipaldeStgo) January 17, 2025
Su jornada comenzaba temprano, entre 9:30 am y 10:00 am. Acudía al teatro a recibir clases y luego tenía ensayos de los roles asignados. Una hora ensayaba para Clara, a la otra para el hada de azúcar y a la otra el baile del reino de las nieves. Todo el día ensayaba y aparte mantenía su compromiso con el Ballet de Las Américas, adonde iba en las tardes para seguir trabajando. En ese momento estudiaba bachillerato por parasistema. El tiempo no le daba para ir al colegio.
“Era muy chica y no era consciente de esas cosas tan grandes que me estaban pasando. Disfruté un montón esa experiencia porque además conoces gente nueva en la compañía de danza del TTC”. En Caracas se rodeó de personas a las que describe como muy buenas, tanto que comenzó a sentir en la capital un segundo hogar con sus compañeros del ballet. Lo más difícil de esa época de su vida, revela, fue estar lejos de su familia, con quien siempre ha sido muy unida.

Foto Oscar Seguel Mangiola @racso1965
Su paso por el TTC fue breve pero productivo. Interpretó varios roles principales pero nunca hubo un nombramiento oficial como primera bailarina. “La temporada que yo estuve fue muy cortita, de octubre a diciembre de 2016. Solo interpreté roles principales. Ni siquiera estaba contratada en la compañía como bailarina fija, solo fue para El Cascanueces”. La experiencia de haber bailado en un teatro de ese calibre, sin embargo, la ayudó mucho y le dio herramientas para su futuro. Al año siguiente, cuando tenía 17 años, prefirió quedarse en Barquisimeto, entrenando con su maestra. Ya había tomado la decisión de salir de Venezuela.

Seidel en Chile | Foto cortesía
Vivir de la danza
Laleska Seidel se dio cuenta de que podía vivir de lo que amaba cuando emigró a Chile en 2017. La decisión la tomó por la difícil situación que se vivía en Venezuela donde, asegura, no viviría de la danza jamás. Antes de llegar a Chile, la intérprete probó suerte en Uruguay. Hizo una audición en la Compañía del Sodre en Montevideo, pero no recibió respuesta inmediata. “Pensé que si no me decían nada igual tendría que irme a algún lado”.
Decidió, entonces, ir a Chile, país en el cual uno de sus tíos podría recibirla. Sabía que en Santiago había una compañía de danza establecida en el Teatro Municipal. No tenía certeza de que pudiera dedicarse a la danza en ese nuevo país, pero se atrevió. Un día, sin tener grandes expectativas, fue al teatro para preguntar si podía tomar una clase con el Ballet de Santiago. Le dieron permiso. “Al final de la clase la directora me preguntó si quería formar parte del ballet. No me lo esperaba para nada, yo solo iba a ver qué pasaba”.

Foto Archivo
Se le dio la oportunidad y comenzó a bailar en la compañía A esa edad, con tan solo 17 años, seguía sin dimensionar la magnitud de las oportunidades que tenía. “Nunca había estado en otro país, estaba con mi tío, pero aquí todo el mundo viene a trabajar. Yo llegaba a la casa y no había nadie, todo el mundo estaba trabajando. Eso fue algo que me pegó bastante”.
El ser nueva en la compañía y no saber cómo era su funcionamiento también fue un reto que tuvo que afrontar. “Yo sola fui aprendiendo. Me fui acoplando, comencé a conocer más gente y eso me ayudó un poco a sentirme menos sola en el país”. No fue fácil. Con el éxodo masivo de venezolanos que migraron a Chile y los constantes casos de xenofobia registrados en el país, Seidel también vivió un momento complicado por su nacionalidad.

Seidel trabajó duro para ser ascendida en el Ballet de Santiago | Foto cortesía
Ocurrió en un momento particularmente difícil para ella: el nacimiento de su hijo Santi, de ahora seis años. Ella tenía 19, estaba a punto de dar a luz. Ese día se quedó sola con una enfermera en la habitación. “Me estaba preparando para el parto y en ese momento me dijo: ¿Tú eres venezolana? Le respondí que sí. Me dijo: ‘Yo no entiendo por qué vienen a robarnos los trabajos’. Fue justo antes de parir, fue muy rudo”.
El Ballet de Santiago y la Orquesta Filarmónica de Santiago interpretarán “El lago de los cisnes”. En este video, la Primera Bailarina Katherine Rodríguez interpreta a Odette, mientras que la Solista Laleska Seidel interpreta al Odile.
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— Teatro Municipal de Santiago (@MunicipaldeStgo) January 3, 2025
Seidel considera que en Chile ha aumentado la xenofobia, algo que atribuye a la cantidad de personas que no hacen el bien en otros países. “Prefiero no rodearme de esas cosas. Es muy triste porque siento que generalizan y no todos somos así. No todos somos malos, no todos vamos a hacer el mal. Yo considero a Chile mi hogar hoy en día y estoy haciendo una carrera hermosa, he conocido a chilenos increíbles, pero la gente siempre se enfoca en lo malo. A raíz de la noticia de que soy primera bailarina me han llegado muchos mensajes de felicitaciones. También hay mucha gente alegre por que salga también a flote las noticias buenas de venezolanos que están haciendo cosas buenas en Chile”.
Tras tener a su hijo y vivir los cinco meses de permiso por posparto, la joven se enfocó en volver a bailar. La llegada de Santi, además, fue la causa por la que sus papás, quienes no tenían contemplado migrar, decidieran dejar Venezuela. Seidel, quien no está con el papá de su hijo, tampoco está sola. Tiene a su familia con ella y una nueva pareja que la apoya.

Solo le tomó cinco meses de posparto para regresar al ballet | Foto Cortesía
“Hasta que el cuerpo aguante”
Su paso por el Ballet de Santiago también comenzó a dar frutos. En 2022 fue reconocida como Mejor Intérprete de Danza del Círculo de Críticos de Arte de Chile por su interpretación en El lago de los cisnes. Era la primera vez que asumía el rol Odette y Odile. “Fue la primera vez, además, haciendo un ballet tan difícil y exigente como El lago de los cisnes. Fue una primera vez, no fue de las mejores pero salió. No me sentía en el mejor momento de confiar en mi trabajo y cuando me dieron ese premio, fue muy bonito. Me ayudó a confiar un poco más en mí, a creer más”. Al año siguiente, 2023, la ascendieron a solista en la compañía.
2024 lo describe como una temporada bonita y productiva para ella como intérprete. Ese año pudo bailar Aurora en La bella durmiente y también fue la reina de azúcar en El Cascanueces. “Siento que la experiencia y el trabajar con maestros destacados, como César Morales que es el director del Ballet de Santiago, me dieron herramientas para todos los papeles que hice y para seguir creciendo artísticamente”. A finales de 2024 comenzaron a prepararse para volver a presentar El lago de los cisnes en 2025.

Laleska Seidel en la premiación de 2022 | Foto archivo
La joven cuenta que solo ensayaron tres días, fue una preparación breve. Estaban en el último ensayo del año, justo antes de cerrar 2024 con una última función de La bella durmiente cuando César Morales pidió que todos se acercaran. Quería felicitarlos por la temporada y comenzó su discurso expresando su felicidad por el crecimiento artístico que tuvo una persona en particular: Laleska Seidel.
“Él antes ya había hablado conmigo y dijo que veía en mí mucho futuro de primera bailarina. Quería que yo trabajara en ciertas cosas para él estar seguro de que podía hacerlo. Desde que habló conmigo, yo trabajé muchísimo, era un sueño por cumplir. Cuando me nombró primera bailarina sentí un apoyo increíble de mis compañeros. Todos aplaudieron”.
El ascenso de las bailarinas venezolanas del Ballet de Santiago. Mariselba Silva y Laleska Seidel son las nuevas solistas de la compañía. En la compañía también hay bailarinas de Argentina y México. Para ellas esa mezcla es parte de su encanto: «El ballet es universal». pic.twitter.com/avSalW35Gh
— Revista Ya (@Revista_Ya) March 21, 2023
Lo primero que vino a su mente en ese momento fueron sus papás: “Lo logré”, pensó. Ellos que la han apoyado desde siempre y sin quienes no hubiese sido lo mismo. Se sintió agradecida por el apoyo incondicional de su familia que siempre quiso lo mejor para ella, incluso cuando la motivaron a salir de Venezuela para crecer profesionalmente. “Luego pensé en mi hijo. Esta carrera es muy difícil. Cuando estamos en época de funciones salgo tarde del teatro, él se queda con mi mamá esos días. Ese sacrificio de no estar siempre con él, todas esas cosas valieron la pena”.

Laleska Seidel en El lago de los cisnes | Foto Cortesía
Ser primera bailarina es una responsabilidad grande y no significa más que seguir trabajando para crecer artísticamente. Es como un sueño, explica, que también implica trabajo para crecer. “Esto me inspira muchísimo para seguir trabajando duro por las cosas que quiero alcanzar”.
¿Lo difícil? Seidel no sabría decirlo. Quizás, comenta, lo difícil es la responsabilidad de ser una primera bailarina pero tampoco le teme. En los últimos años interpretó muchos roles principales en la compañía. “No creo que se me haga difícil. Mentalmente no es sencillo porque llega un punto en que es muy agotador y tu mente se agota también. Pero uno sale de allí”.

Foto Oscar Seguel Mangiola @racso1965
A los jóvenes que sueñan con ser primeras bailarinas Laleska Seidel les diría que sigan trabajando y confíen. Para ella eso ha sido clave. No duda en aconsejarles a las personas que luchen con su talento, algo que dicidió seguir haciendo a futuro. “Quiero seguir bailando y aprender muchísimo… hasta que el cuerpo aguante”.
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