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Karla Sofía Gascón y su escándalo en los premios Oscar: «¡Yo no me callo! ¡No me puedo callar!»

La actriz trans de 'Emilia Pérez', nominada al Óscar, ha sido 'cancelada' en redes sociales
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La protagonista de Emilia Pérez, Karla Sofía Gascón, ha sido uno de los principales blancos de los medios de comunicación en los últimos meses. Pasó de levantar un galardón en Cannes y de ser la primera mujer trans en ser nominada a los Premios Óscar en la categoría de mejor actriz, a ser eliminada de todas las campañas publicitarias de la película que la lanzó a la fama por un escándalo relacionado con unos trinos antiguos que la convirtieron en una especie de paria. Fue eliminada de las principales de galas, de las cenas y de los premios. La actriz que aprovechó su exposición mundial para recordar la importancia de proteger los derechos de las personas LGBTIQ+ ahora es nuevamente la principal discriminada. Esta es su entrevista en Revista BOCAS.

La historia de Karla Sofía Gascón es un buen ejemplo para pensar la manera en que funciona la cultura de la cancelación. Solo un par de semanas fueron suficientes para que esta actriz española —la primera mujer transgénero en ser nominada a un Óscar en la categoría de mejor actriz y un símbolo creciente en la vocería de los derechos de la población LGBTIQ+— se convirtiera en una voz indeseable: en la piedra en el zapato para una película que esperaba convertirse en la revelación del año para los premios más importantes del cine.
Emilia Pérez

La Revista BOCAS tiene dos portadas en esta edición: Han Kang y Karla Sofía Gascón. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Emilia Pérez, del director francés Jacques Audiard, costó 21 millones de euros ―un presupuesto modesto para una producción cinematográfica― y recibió 13 nominaciones a los Premios Óscar, la misma cantidad de títulos que Forrest Gump o El señor de los anillos. La publicitaron como un “narcomusical” (un término no muy querido en América Latina por obvias razones) porque cuenta la historia de Manitas del Monte: un capo mexicano que quiere cambiar de género (y cambiar de vida). Tras renacer como Emilia Pérez, el exnarcotraficante no es capaz de permanecer alejado de su familia (a quienes había sacado del país para protegerlos) y los llama de vuelta; en ese momento, Emilia, quien se presenta como la hermana de Manitas, crea una fundación para ayudar a encontrar a los desaparecidos en la guerra del narco. Junto a Gascón ―que lleva la película de principio a fin como Manitas y luego como Emilia― actuaron Zoe Saldaña, como la abogada que ayuda a Manitas a concretar su transición y luego a realizar todo el trabajo de la fundación, y Selena Gómez, como la esposa estadounidense de Manitas y la mamá de sus hijos: dos nombres que le garantizaron a la película todo un boom mediático inicial.

La película toca temas complejos: desde la importancia de la memoria para superar un conflicto hasta la capacidad de transformación, personal y social, para dejar atrás la violencia. Precisamente por esa razón ha sido criticada profundamente, sobre todo en México y América Latina: “Jacques Audiard es incapaz de entender el motivo por el cual no quiere bailar con sus cancioncitas el país que puso los muertos que la película usa como alfombra”, escribió, por ejemplo, Antonio Ortuño en un artículo para El País. Luego, los comentarios de cuentas varias en X hablaron hasta del acento de Selena Gómez (que representaba a la esposa estadounidense de Manitas, una mujer que podría perfectamente tener un acento) y luego se regodearon cuando se descubrió una entrevista en donde el director de la película, a mediados del 2024, decía que el español “es una de las lenguas de países emergentes, en desarrollo, de personas modestas, pobres y migrantes”.
Emilia Pérez

Karla Sofía interpreta a Manitas del Monte y a Emilia Pérez en la película de Audiard. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Karla Sofía Gascón nació en Madrid en 1972. Desde que iba al colegio aprendió a defenderse de las pandillas de niños que le hacían bullying. En ese momento su nombre era Carlos Gascón: ella creció jugando los protovideojuegos de los años 80 y viendo el cine que llegaba a las videotecas cercanas a su casa, desde Jurassic Park hasta Rambo. “No sabía muy bien a quién quería parecerme, si a Samantha Fox o a Stallone”, escribió en Karsia, un libro que publicó en el 2018 en donde cuenta su vida y su proceso de transición. Su carrera frente a las cámaras la llevó a actuar en decenas de producciones para cine y televisión, primero en España y después en México. Cuando aún comenzaba su carrera se casó con Marisa Gutiérrez, con quien tiene una hija, Victoria, de 15 años.

No fue fácil para Karla Sofía Gascón asumir el personaje de Manitas del Monte. Ella tuvo que revivir muchas preguntas y experiencias que tenían que ver con su proceso de tránsito para sacar adelante escenas retadoras. El resultado queda evidente en muchas críticas que no eran tan complacientes con la película, pero que sí destacaban el trabajo de “Gascón encarna a Emilia de forma dominante pero tranquila, mostrando una grandeza llena de ironía y un ingenio que bordea constantemente la autoridad y la vulnerabilidad”, dijo, por ejemplo, Richard Brody, el escritor de cine de la revista The New Yorker. El premio a mejor actriz en los Golden Globes, en los Premios del Cine Europeo y en Cannes ―donde lo compartió con sus compañeras de set, Zoe Saldaña y Selena Gómez― parecen apoyar esas perspectivas. Fue allí, en Cannes, donde dio el discurso que la puso en los titulares del mundo entero: “Quiero mandar un mensaje de esperanza a todas las personas trans. Como ocurre en Emilia Pérez, todas las personas tenemos la oportunidad de cambiar a mejor, de ser mejores personas. Así que: ‘A ver si cambiáis, ¡cabrones!’”. Poco después, demandó a un político francés de extrema derecha que criticó a los premios con un comentario transfóbico. El juicio sigue vigente.
premios oscar

Karla Sofía Gascón ha sido excluida de las galas de los principales premios. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

El 30 de enero, justo después de las nominaciones a los óscares, la periodista canadiense Sarah Hagi, que profesa la fe del islam, publicó un hilo con trinos que la actriz había publicado en su cuenta de Twitter entre 2016 y 2021, en donde reaccionaba a diferentes noticias ―algunas relacionadas con atentados de extremistas islámicos en Europa― en términos como “retrasados seguidores de Alá” o “El islam se está convirtiendo en un foco de infección para la humanidad”. El hilo registró más de 4 millones de visualizaciones y Gascón fue calificada de racista: “Todos estos mensajes vienen de la estrella de una película que hace campaña a partir de sus valores progresistas. ¿Cómo no reírse?”, escribió Hagi. Y fue solo el inicio: antes de que eliminara su cuenta de X, otros usuarios publicaron mensajes en donde la actriz hablaba de las protestas que desencadenó en todo Estados Unidos el asesinato de George Floyd en Minnesota (“Realmente creo que a muy pocos les importó nunca George Floyd, un drogata estafador, pero su muerte ha servido para volver a poner de manifiesto que hay quienes todavía consideran a los negros monos sin derechos y quienes consideran que la policía es asesina. Todos errados”) o de los Premios Óscar del 2021: “Cada vez más los Óscar se parecen a una entrega de cine independiente y reivindicativo, no sabía si estaba viendo un festival afrokoreano, una manifestación Blacklivesmatter o el 8M”. Karla Sofía aceptó haber escrito esos trinos y en una entrevista con CNN en Español, después de explicarse y ofrecer disculpas por las ofensas que podían generar sus trinos, dijo que los había escrito como una forma de desahogo frente a lo que la desesperanzaba del mundo.

A Gascón le retiraron la invitación a diferentes premios, incluidos los Premios Goya, y las productoras y distribuidoras de la película anunciaron que no la apoyarían en los viajes promocionales. Incluso una editorial independiente española que reeditaría su libro desistió de la idea. A partir de ese momento, las imágenes oficiales que se publicaron de Emilia Pérez mostraban a Karla Sofía borrosa al fondo, mientras que Saldaña salía nítida en primer plano. La revista Vanity Fair publicó: “Es casi una certeza decir que la protagonista de Emilia Pérez, Karla Sofía Gascón, torpedeó su propia posibilidad de ganar el premio a mejor actriz en los Premios Óscar 2025”. ¿Por qué, de repente, cientos de personas cambian de opinión de forma radical? ¿Por qué es un tabú no aislar a quien todos dicen que hay que aislar? “Convertir a los pecadores en invisibles para que sufran el peor castigo social que un ser humano puede padecer. Algo peor que responder de tus delitos ante un juez es experimentar el rechazo social”, dijo la escritora española Elvira Lindo en su columna de El País. Pareciera que la cancelación, esa búsqueda colectiva por la justicia, a veces nubla por completo la posibilidad de entender a quienes no necesariamente piensan de la misma manera, y no deja de ser una paradoja que una persona que ―en su propia piel― ha vivido la marginación y la discriminación, ahora sufra algo peor por unos tuits escritos cuando no era una actriz famosa; ¿los habría escrito en este momento? No solo Netflix decidió castigarla, algunos de sus compañeros de reparto y el mismo director la anularon. Su caso es tan dramático como el de los traidores y desertores soviéticos que eran borrados incluso de las fotos oficiales para que no quedara nada de ellos. Pero, en su caso, es imposible borrarla de la película: es la protagonista.

Esta entrevista con Karla Sofía Gascón ocurrió el 18 de enero, seis días antes de que fuera nominada como mejor actriz a los Premios Óscar. En ese momento aún no se habían publicado sus trinos y ella estaba participando activamente en la campaña por los óscares. “Alístense para ver la mejor película de la historia de la cinematografía mundial”, le dijo al público que había llegado a la Cinemateca de Bogotá para ver el estreno en Colombia de Emilia Pérez. “¡Es que a mí me parece muy divertido!”, me dijo luego cuando le pregunté por esa frase. “Yo uso mucho el humor y la ironía, también la exageración. Y, pues mira, todos esos recursos tienen un punto de verdad: hay que aprender a verlo”.
Karla Sofía Gascón

Emilia Pérez recibió 13 nominaciones al premio Óscar, tantas como Forrest Gump. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Había algo en esa afirmación que se sentía como una orden: Karla es una mujer imponente y a veces, entre chistes que cuenta con seriedad, envía mensajes más profundos. También es irreverente y directa: si siente que dio una respuesta ambigua, busca seguir hablando hasta decir algo poderoso y, a veces, visceral. A veces, incluso, responde con rabia e indignación, sobre todo frente a los temas que tienen que ver con las redes sociales.

Después de la entrevista, mientras la maquillaban para las fotos de BOCAS, decidió poner su propia playlist: “Oigo música étnica. Instrumental. Cualquier cosa que no tenga letra, así no tengo que oír idioteces”. Desde su celular sonaron diferentes compilaciones de música celta que ambientaron la sesión de fotos con Hernán Puentes. Y en medio de sus poses sonó una canción que tenía letra: una canción de Piche, la rapera drag francesa que hizo parte de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos París 2024.

“Casse, casse le genre, / maintenant c’est pas l’orientation qui fait la sexualité. / Danse, danse, mon enfant / Sur tes talons hauts tu pourrais bien t’envoler” (Rompe, rompe el género ahora / No es la orientación lo que hace la sexualidad / Baila, baila, pequeño, / con tus tacones podrás escaparte).

Para el cierre de esta edición, busqué contactarla nuevamente para continuar y actualizar la conversación. Sin embargo, no hubo respuesta por parte de ella ni de su equipo: Karla Sofía Gascón había decidido dejar a un lado ese instinto confrontador que la había caracterizado durante los últimos meses: “Espero que mi silencio permita que la película sea apreciada por lo que es: una oda hermosa al amor y a la diferencia”, dijo en el último mensaje que publicó en su Instagram.

¿Es verdad que cuando tuvo las primeras conversaciones para asumir el papel de Emilia Pérez, usted le pidió al director, Jacques Audiard, cambiar el guión?

Sí. Se lo pedí y se lo sugerí en varias ocasiones. Yo le hice saber que la motivación de Manitas del Monte para su proceso de transición no podía ser escapar de la justicia; así el personaje se perdía completamente. Creo que no hay mucho misterio: en el cine, una cosa es lo que tú tienes escrito y otra es la evolución de todo eso. Hubo muchísimas cosas que me habría gustado que quitaran, otras que quitaron y que me habría gustado que dejaran… Lo que sí debo decir es que, con el proceso, fue cambiando el sentido de la película hacia un lugar en donde yo me sentía más cómoda. Por ejemplo, en la versión original había al principio muchas escenas en las que Manitas del Monte se acostaba con hombres, o en las que se ponía a hacer el amor con gente, en la calle y de forma violenta… Era otro personaje, pero fue evolucionando a medida en que nos íbamos dando cuenta de cuál era la película que se quería contar. Esa película no estaba en el guion y eso me parece maravilloso.

¿En ese proceso buscó referencias en otras películas y series de cómo se está representando a las personas trans? ¿Qué opina de ese tema?

Claro. Yo las conozco porque obviamente el tema me ha interesado siempre. ¿Qué opino? Que siempre son y han sido lo mismo: la historia de la persona que estaba en la prostitución, o la de la que quería salir de la prostitución, o la que estaba en la violencia de la prostitución… Hay un par de cosas que se salen de eso, como La chica danesa, que personalmente me gustó mucho. Realmente es una pobreza, digamos, ver el nivel general de producción y de dirección y de creación, en donde se tiende a…

¿A estereotipar?

Sí. Y de ir hacia el chiste fácil. Yo digo siempre que no soporto los shows de cabaret, en donde la persona que sale a cantar es la mujer trans, o la drag queen, o una persona travestida, a imitar a cantantes de señoras de época y a decir que se ha comido todo. No me hacen ni puta gracia esos shows, la verdad. A lo mejor haya quien lo haga y es muy loable hacerlo, pero a mí no me gusta.
Revista BOCAS

Los medios especializados dicen que es imposible, por sus trinos, que gane el Óscar. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

¿Por qué?

Yo siempre he sido una persona que ha querido normalizar las cosas. Suena muy duro decírtelo así, pero una cosa es ser LGBT y otra cosa es querer llamar la atención. Hay mucha gente a la que le gusta meterse en grupos que amplifican la atención, pero yo siento que eso no es ser LGBT ni es ser diferente sexualmente. ¡Para ser diferente sexualmente no te hace falta nada, solo tienes que ser tú y punto! No hace falta ninguna bandera, ni cortarte el pelo de ninguna manera. ¿Que hay gente que le gustan esos grupos? ¡Pues qué bonito, que cada quien haga lo que le dé la gana!
Es decir: no le gusta esa mentalidad del colectivo…
¡Los grupos nunca me han gustado! Ninguno. Entiendo que hay que unirse para ser más fuertes, pero eso también tiene una parte negativa porque en esos grupos siempre hay líderes que se apropian de la palabra y al final todo se vuelve una mentira, porque empiezan a quitar la libertad. Lo que he visto es que esas voces terminan monopolizando, proponiendo solo una opción de vida, un camino, y dicen: “Si tú no haces esto es que no perteneces”, o “Para ser trans hay que ser así, no asá”. ¡Y eso es precisamente de lo que están huyendo!
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Karla Sofía Gascón tiene una hija de 15 años. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Volviendo a Emilia Pérez: ¿cómo asumió el reto de actuar un personaje que quería hacer una transición?

Todos los actores y las actrices, los que nos dedicamos a llevar las vidas de otras personas a otros seres humanos, tenemos que tirar mucho de nuestras vivencias. Tú puedes construir un personaje, pero al final la construcción viene de lo que tú has vivido. Yo digo siempre que lo más importante para un actor es haber vivido, no haber hecho un curso “para entender la profundidad de las emociones del ser humano” [risas]. Pero hay que tener cuidado con la manera en que utilizamos nuestras propias experiencias para llevarlas a otros personajes porque siempre debe haber una línea de separación. Respondiendo tu pregunta, en Emilia Pérez a mí me pasó: hubo un momento en que sentí que me iba a perder en el personaje. Recuerdo perfectamente dos ocasiones muy específicas: la secuencia del hospital y cuando estoy con el niño en la camita.

¿Fue revivir el proceso de transformación?

En realidad, la ficción no tiene nada que ver con lo que es la realidad. Lo que sí es verdad de la escena del hospital es que las operaciones no son un plato de buen gusto para nadie.

En Emilia Pérez hay una canción que habla de la relación entre el tránsito de Manitas del Monte y la posibilidad de cambio de una sociedad. ¿Usted también lo ve así?

Totalmente. Yo creo que cuando empezamos a tener la libertad de nuestro cuerpo y de nuestra mente, y no les regalamos esta libertad a quienes todo el tiempo nos dicen lo que tenemos que hacer con nuestra vida y lo que tenemos que pensar, es cuando podemos empezar a tener una evolución real. Tenemos que dar un paso adelante, cambiar muchísimas cosas en nosotros mismos y empezar a liberarnos de todos estos líderes sinvergüenzas que nos llevan a hacer cosas que, a lo mejor, no queremos hacer.

¿Fue su primer musical?

¡Y esperemos que sea el último! [Risas]. Si a mí me dicen que tengo que cantar en otro musical la respuesta es: no sé. Si tuviera 30 años digo: “venga, todavía tengo tiempo”. Pero yo ya no estoy para bailecitos ni para tanto. Prefiero hacer coreografías de karate. ¡Y mira que he querido hacer películas de acción porque me gustan mucho! De repente me arrepiento, porque me veo a mis 52 años dándome palizas, tirándome por sitios, revolcándome… Ya los huesos no son los mismos, pero sí me apetece hacer cosas así.
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Karla Sofía Gascón creció en el barrio Alcobendas de Madrid, «un barrio obrero, de gente normal». Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Hábleme de sus vivencias de niña en Alcobendas, el barrio en el que nació. En alguna ocasión lo describió como una especie de Bronx. ¿Por qué?

Bueno, no sé. No conozco el Bronx, pero por lo que he visto en las películas es que era un barrio complicado, ¿no? Pues lo mismo Alcobendas: era un barrio obrero, de gente normal. Había niños y estábamos todo el día peleándonos. Algunos tenían una navaja y te quitaban las cositas, y así. Como que en esa época era la ley del más fuerte en la infancia, era una época en la que el bullying era normal, no era algo que estuviera perseguido ni nada por el estilo, sino que lo normal era que te lo hicieran; entonces tú te preparabas para que te tiraran al agua o a cualquier sitio de estos cuando ibas al colegio o al instituto.

Fue ahí donde tuvo sus primeros contactos con el cine…

Yo vengo de la época en la que salieron los primeros videojuegos, los primeros reproductores de VHS, de betamax, los primeros computadores, los primeros videojuegos… ¡Pasamos de jugar con una rayita y un punto a evolucionar hasta lo que vemos ahora en las PlayStation, que si yo lo hubiera tenido eso con 15 años habría alucinado en colores! Me pasó lo mismo con el cine y con las películas: en el barrio donde vivía, el único cine que teníamos era uno al lado de casa, y las primeras películas que vimos fueron unas horripilantes a las que nos llevó mi padre alguna vez: recuerdo una de los Power Rangers, Clash, una de un minotauro que salía por ahí y mataba a la gente; Siete novias para siete hermanos, cosas de chinos que les gustaban a mi padre y a mi madre… Y estas de Paco Martínez Soria, cosas del cine español que eran auténticas, películas para que se riera el público.
Premios Óscar

«Las redes no tienen ningún tipo de credibilidad», dijo antes de que estallara el escándalo. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Películas más populares, por decirlo así…

Me acuerdo también del cine de verano, al aire libre; entonces tengo todas esas experiencias. Pero llegó el VHS y con él cientos de películas de todo tipo. ¡Y mira cómo es que te atrapa todo ese cine comercial! A mí me parecía maravilloso. Crecí con Tiburón 3D, con Rocky IV, con La guerra de las galaxias, con Indiana Jones y con todas estas maravillas y joyas.

Después de hacer Emilia Pérez se ha encontrado con muchas de esas figuras: Harrison Ford, Steven Spielberg…

¡Es que cuando vi a Steven Spielberg y me saludó dije: “¡Hostia puta, esto no es normal!”. Fue hace unos meses, en la Fiesta de los Governors. Allí estaba junto a Quentin Tarantino. Me lo presentaron, él me saludó y me dijo: “Quiero ver tu película”. Tarantino también me dijo lo mismo, y pues espero que la hayan visto y que les haya gustado.

¿Es cierto que su carrera empezó con una llamada a la televisión española?

Pues sí. Yo lo recuerdo simplemente así, como una cosa normal: me levanté una mañana, sabía lo que tenía que hacer y punto. Llamé y ya está. Así empezó toda la historia que me ha llevado hasta aquí.

¿Qué tanta confianza uno debe tener para hacer eso?

¡Si yo hubiera pensado en eso tal vez no me habría atrevido a llamar para quedar en ridículo! [Risas]. Pero creo que a veces hay que perder el orgullo para ganar otras cosas. Esto es muy importante: el orgullo no nos conduce a ningún sitio, es de las cosas más terribles que tenemos los seres humanos; está bien cuando lo utilizas bien, por ejemplo: para no hundirte en los momentos difíciles, pero no cuando lo utilizas en plan de decir: “Yo soy la hostia”. Yo creo que lo principal para una persona es saber reírse de sí misma: eso fue lo que logré con esa llamada.

A lo largo de su carrera actuó en varias telenovelas y series en España y México. ¿Cómo asumía la tendencia a estereotipar los personajes, que es tan común en ese medio?

Cuando llegué a México, como no era supergrande y no cumplía con el prototipo de machote superguay que tienen ellos para las telenovelas, fue complicado para mí conseguir un lugar. Lo curioso es que luego terminaron estereotipándome a mí también con personajes malignos y cosas por el estilo, porque por alguna razón a los españoles, así, con nuestro acento, nos ven como villanos. Para mí era divertido ver cómo lo intentan encasillar a uno. Me acuerdo de alguna ocasión en la que estaba haciendo pruebas para una telenovela y escuché a un productor decir: “No, es que tiene una nariz muy grande y eso en pantalla no va a gustar”. Unos criterios como absurdos, ¿no? Entonces tú dices: ¿Cómo puedes competir contra eso? Lo único que puedes hacer es seguir amando tu trabajo, creyendo en ti y nada más, porque si tú empiezas a comportarte como quieren los demás, es que no para nunca. Y eso es lo que me ha pasado a mí muchas veces. Yo ahora lo veo muy claro: estaba metida en un mundo en el que hacía las cosas que yo creía que los demás esperaban de mí, y la verdad es que la libertad, como seres humanos y como artistas, empieza cuando te separas de todo aquello.

Apenas comenzaba su carrera usted se casó con Marisa Gutiérrez. Hábleme de ella.

Yo tengo que ponerle a Marisa un monumento. Hace mil años que nos conocemos y me ha aguantado toda la vida: tenemos una niña maravillosa, y ella sigue ahí al pie del cañón. Al final, cuando tú estás con una persona tantísimo tiempo la ves como tu familia: sabemos más la una de la otra, de nosotras, que mis padres, por ejemplo, entonces para mí es muy difícil separar lo que eres como parte de una familia y lo que eres como una pareja. Al final creo que prima el amor de familia y es imposible separarte de eso.

Ha sido una relación que va y vuelve… Incluso en México usted tuvo otras parejas.

He estado separada de ella muchas veces, pero al final siempre estábamos en contacto. Hubo un punto en el que tienes que cambiar la perspectiva: si vas a estar, pues vas a estar bien.

¿Cómo encontraron espacios de libertad en esa relación?

Fue difícil, porque yo también es que soy muy chunga: quiero libertad para mí, pero no para los demás.
Revista BOCAS Karla Sofía Gascón

«Las discusiones de redes son vacías». Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

Ahora hábleme de su hija, Victoria. Ella tiene 15 años y vivió de niña toda su transición: en el libro cuenta que ella le decía “mapi”.

Fue muy lindo porque los niños no están condicionados por la sociedad, ni por el ambiente que les rodea, ni por lo que otros dicen que se “debería” ser. Los niños son libres de pensamiento y es curioso, porque esto no les ocurre a las personas mayores. Cuando pienso en eso me acuerdo de unos comentarios que leí en un libro de Eckhart Tolle, El poder del ahora, en donde se habla de vivir el momento, el presente, sin juzgar y sin estar condicionados por nada. Los niños son así y yo creo que por eso son ellos quienes llevan la verdad.

También quiero preguntarle por el acercamiento que usted ha tenido hacia el budismo, un tema que ha estado presente en su vida.

Sí, es bonito. Unos amigos italianos me contaron hace mucho sobre su experiencia, y yo me partía de risa. Me considero ‘afilósofa’ y ‘arreligiosa’, pero al final descubrí que para mí era muy importante tener un momento de reflexión, una meditación conmigo. ¡Eso sirve para tantas cosas! Después ya estaba leyendo sobre la ley de la atracción y su relación con la meditación… Todo gira un poco alrededor de la causa y el efecto, y, al final, cuando tú empiezas a buscar lo que quieres ser y hacer, y lo haces con claridad, ves los caminos que debes tomar para lograrlo. Puede que el resultado te llegue tarde, pronto, o puede que no llegue, pero seguro te va a servir de algo. Y pasan cosas muy extrañas que a veces no sabes ni por qué.

¿Cómo cuáles?

Yo normalmente sé lo que va a pasar.
Han Kang

Han Kang, premio nobel de literatura, es la otra portada de la revista BOCAS. Foto: Getty

¿Una intuición?

Siempre he sabido lo que va a pasar, el problema es que no sé cómo va a pasar y eso me da muchísima rabia. Tengo una visión: yo visualizo algo que creo que va a pasar y hago lo que debo hacer para que pase. Sin embargo, siempre sale algo que no es controlable porque, claro, no puedo tener todas las variantes previstas [Risas]. Una vez yo le dije a un amigo mío: “Estoy pensando que soy vidente”. Y me decía: “Mira, tú lo que haces es una valoración lógica de todas las cosas, las reúnes en tu mente y haces una aproximación muy clara de lo que va a pasar en el futuro; pero nada más”. Y yo le respondía: “Me parece muy interesante tu explicación científica de todo esto, ¿no? Pero yo sigo segura de que yo sé lo que va a pasar”. Por ejemplo: para los [premios] Golden Globes, dos meses antes —o no sé cuántos— dibujé el vestido con una raya amarilla y otra naranja, y se lo mandé a Yves Saint Laurent con una referencia de las estatuas budistas de Ayutthaya, en Tailandia. Le dije: “Por favor, hazme el traje para los Golden Globes”. Lo hice sin ninguna esperanza de que lo fuera a hacer, pero el pavo se atrevió y dijo: “Oye, es que esto es historia de la moda también”. A lo mejor no era lo que él quería hacer, pero sí reconoció que yo quería contar algo. Fue un vestido del que se habló mucho en el mundo en esos momentos. Cuando me mandó su boceto, yo dije: “Guau”.

En el 2018, usted hizo público su tránsito con un libro: Karsia. Es la historia de su vida, pero, en medio de todo, el personaje principal se quita la vida. ¿Por qué lo escribió?

Te lo voy a decir directamente: escribí para no cumplirlo. Para mí fue una especie de salvavidas, la cuerda de la que yo me agarré para poder seguir tirando. Eso me pareció mucho más interesante que quitarme del medio. Fue por eso.

En el libro usted habla de un momento en donde una peluquera, en México, le pone extensiones. Y escribe: “Aquí ya encontré el lugar de la libertad”. Cuénteme cómo fue empezar a salir a la calle en ese momento, cómo fue el choque social para alguien que era un personaje conocido.

Bueno, al final fue un proceso que yo había llevado ya durante muchos años en mi vida. Yo siempre he tratado de ir un poco como me va dando la gana y me había acostumbrado a que los demás te miran y te insultan. Al final lo importante es que no te duela: hay quienes te critican, otros te alaban; eso es normal. Lo otro, que sí fue más difícil, fue prepararme para que todo el mundo confundiera mis pronombres y se pasara por el culo cuando pedía que me llamaran de otra manera: preferían tratarte como les daba la gana y te hacían daño por todos los sitios. Al principio, obviamente, estás entre Pinto y Valdemoro, y además hay un momento en que la gente realmente no sabe en qué clasificarte, ¿no? Porque estamos acostumbrados a dividir.

Su tránsito, sin embargo, lo hizo en España. Usted ha dicho públicamente que esa decisión la tomó también porque en Europa el sistema de salud ofrecía más garantías. ¿Qué tiene que aprender América Latina de esto?

No solamente América Latina, sino todo el mundo. Creo que España, en cuanto a derechos y a seguridad social, tiene un muy buen sistema. Yo tiemblo cada vez que estoy en Estados Unidos y siento que me voy a poner mal, porque digo: “Voy a tener que vender la casa para pagar el hospital”. La salud y los derechos deben ser universales y los gobiernos deberían dedicarse a proteger a todas las personas que existen. Por encima de cualquier diferencia política o económica deberían estar los Derechos Humanos. Hay cosas que no se deberían ni poder tocar desde el minuto uno. ¿Y ahora llega este hombre [Trump] a tratar de eliminar cualquier mención al género o a las personas trans? ¡No! Hay cosas que no deberían poder tocarse. Yo estoy deseando que la [J. K.] Rowling, o Trump, o algún otro haga un comentario directo, porque hasta ahora hablan por los lados. Ya salió en los Golden Globes la Rowling a criticar los derechos trans, que se iban a cargar a las mujeres y los niños. O sea: yo soy el problema del mundo.

Usted ha sido muy activa frente a esas discusiones.

¡Es que yo no me callo! No me puedo callar. Si me callo es porque me lo piden, por favor, y cuando ya me lo piden como siete veces, lo hago. Si no estaría todo el rato peleándome con todo el mundo, estaría yendo a todos los programas a decirle a todo el mundo: “Venga, vamos a comer el conejo”.
Revista BOCAS Karla Sofía Gascón

«No sabía muy bien a quién parecerme, si a Samantha Fox o a Stallone». Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS

¿Qué significa esa expresión? Como: “¿discutamos sobre los temas incómodos?”

Sí. Y lo que pasa es que como todas esas discusiones por redes son vacías, te terminas metiendo en un mundo irreal en el que estás hablando con la misma persona, pero tú crees que son 20 diferentes… Incluso, por el otro lado, de pronto te está diciendo lo contrario. A nadie le gusta que se sepa, pero todo ese mundo de las redes sociales es una mentira y todos lo utilizan a su favor: las grandes empresas, los tiktokers… Todo el mundo crea perfiles falsos para engañar. Es que a mí me llegan propuestas para subir el número de seguidores, para darles like a las publicaciones, para que hagan comentarios buenos o malos… ¡Y son robots! Me parece absurdo.

¿Cómo cree que se puede llegar a una discusión más sana en las redes?

No lo sé, pero o hacemos algo con esto o no vamos a ir a ningún sitio. Tal vez sea ponernos un carnet de identidad digital, con el que uno se tenga que hacer responsable de lo que está hablando. Pero el asunto es que ya, para mí, las redes no tienen ningún tipo de credibilidad. Ninguna red social. Y la que menos tiene es el X, que era el Twitter, porque ahora es: “Venga, vamos a destrozar lo que sea”. Y el problema de todo eso es que si tú intentas trabajar de una manera honesta y dices algo que no esté regulado por estos tipos de entes, te mandan a los bots a que te jodan, a que te tumben la página o a que te insulten. Si no respondes, allá tú: entras en la otra dinámica, que es la del grupo de los apartados.

 

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