
No recuerda si en abril o mayo, pero era 2023. Y todo comenzó con una libretita. A lápiz mongol, y veces con bolígrafo, Gustavo Alemán escribía sin orden particular esas historias a las que les dio forma en su mente y que tanto necesitaba comunicar.
Como periodista, cineasta, documentalista y fotógrafo, quería darle voz a esos padres, hijos, conservacionistas y voluntarios que se esfuerzan por el bien común.

Periodista, cineasta, documentalista y fotógrafo venezolano Gustavo Alemán | Foto Ezequiel Carías
Debía hacer algo y se decidió al instante. Así como cuando se acercó, sin esperar nada a cambio, al Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe para impulsar el emotivo documental Katunko, que cuenta la historia de superación de Yurni Lezama, el joven pemón de la etnia taurepán que soñaba con correr los 42 kilómetros de la maratón CAF que se realiza cada año en Caracas.
Con el auge de su recién estrenado audiovisual, y queriendo aprovechar cualquier oportunidad para hablar sobre su futuro proyecto de historias, conversó con su amigo y Director de medios de pago, canales y marketing de Bancamiga, Alberto Camardiel.
Bastó con un encuentro y una simple explicación para obtener un sí de la institución. Este acercamiento figuró siempre como primera opción en su cabeza. Y no se equivocó.
Así nació Historias repetibles. Algo que, inicialmente, fue concebido como una serie audiovisual de acciones que, si bien algunas no son desconocidas, carecían de un trabajo mejor pensado, más extenso y estructurado, de sus protagonistas.
Historias repetibles, doce de dieciocho
Pasó el límite de 20 historias. Venezuela tiene mucha tela que cortar. Y más aún, su gente.
“Soy la pesadilla de un taxista, pregunto mucho. Quiero enterarme de todo”, comentó. Por eso nunca paró de escribir. Ni de pensar o construir».
Bancamiga, por su parte, tenía algunas historias a cuestas que coincidían con su programa de Responsabilidad Social Empresarial.
Al final, eligieron 12 historias, de las cuales 8 tienen foco en diferentes partes del país.
“Comunidades que muchos creen que no, pero que reflejan una Venezuela que sigue luchando por salir adelante. Espacios donde la gente trabaja y no se detiene”, dijo Gustavo Alemán.
Llegó 2024 y salieron, uno por uno, los videos. Bajo la coordinación de las vicepresidencias de Comunicaciones y Mercadeo, de Bancamiga, Historias repetibles comenzó a rendirle tributo a la tradición y quienes dedican su vida a proyectos de conservación natural y a preservar la cultura.

Con la historia de Belkys García, comenzó el camino editorial de Historias repetibles
Ninguna era más protagonista que la otra. Sin embargo, la de Belkys García fue la historia que llevó tanto a Alemán como al equipo del banco a hacer un libro.
En Una nueva dimensión del triunfo, se explica cómo esta venezolana, deportista y educadora se vio involucrada en 1991 en un accidente de tránsito, cuando una gandola impactó con el carro donde iba con unos amigos. Gran porcentaje de su cuerpo se vio afectado. De hecho, perdió las manos, pero eso no limitó su desempeño como maestra y directora del coro del colegio donde hace vida hoy. Además, es corredora de trail y atleta OCR adaptado (Obstacle Course Racing), es decir, carrera de obstáculos.
Símbolo de resiliencia, fueron sus mismos alumnos y conocidos quienes la hicieron viral a través de redes sociales. Funcionó.
“Año y medio después, aquí estamos”, dijo Alemán al contar cómo nació su proyecto.
“Con la idea de que sea la misma gente, los venezolanos, quienes se inspiren para ‘repetir’ una historia o crear la suya. Que se integren. Que exista la voluntad de ayudar; una acción. No solo es valerse de la inspiración”.

Gustavo Alemán | Foto: Ezequiel Carías
12 acciones que motivan
En 184 páginas, la publicación conecta al lector con un hospital donde se encargan de prolongar la vida de los juguetes; con el agrónomo merideño que desde hace 20 años impulsa un proyecto de registro y preservación de los perros mucuchíes; o con esas 27 margariteñas que recolectan, afables y delicadas para garantizar su preservación, las ostras de los manglares de La Restinga.
Primero se pensó en hacer un libro solo de fotografías, destacó el documentalista. Pero si querían lograr una conexión más efectiva con la historia, añadió, debían ir más allá. Es cuando entró a la ecuación la periodista Nahir Márquez.
“Además, cada una de las historias tiene un código QR justo en la esquina superior derecha de su portada que, inmediatamente, te lleva al video que ilustrará lo estás leyendo en el libro”, describió Alemán. “Es toda una experiencia”.
¿Cuáles son las Historias repetibles?
Guardianes de un templo vegetal. La historia se centra en la labor de los guardaparques del Parque Nacional Península de Paria, comandados por Víctor Reynosa, quien lleva 35 años ejerciendo su labor, pero cuyos primeros 30 estuvo completamente solo atendiendo necesidades y defendiendo la zona de actividades ilícitas como la tala, quema y cacería ilegal.
Hace 5 años llegaron nuevos compañeros interesados en la conservación. Hoy está formando a una nueva generación que lo acompaña y que seguirá resguardando el parque con mística y mucha más vigilancia
La voz de la arcilla. Habla sobre el legado de la ceramista Astrid Rudman, nieta de Gottfried y Thekla Zielke y tercera generación que trabaja en el primer negocio, nacido en 1959, que se ve al cruzar el aviso de bienvenida a la colonia del estado Aragua: Arte Cerámica Tovar.
Se fue a Alemania a los diecisiete a formarse como maestra ceramista en la Escuela de Cerámica de Landshut, en Baviera. El plan era quedarse, pero volvió a Venezuela para encargarse del negocio de sus abuelos y garantizar la preservación de las tradiciones alemanas en la Colonia Tovar.

Jardineros del mar es un proyecto encabezado por el biólogo marino e investigador Clemente Balladares
Jardineros del mar. El proyecto Macuro, liderado por el biólogo marino e investigador Clemente Balladares, es una ONG que se centra en la protección de tortugas. El pueblo homómino de 1.500 habitantes está conformado por una pequeña comunidad –en su mayoría de pescadores- a la que solo se le puede llegar por mar.
La tortuga carey la escogió como su hogar predilecto, pero los habitantes del pueblo la eligieron a ella como alimento. Debido a la falta de comida, se convirtieron en depredadores, casi acabando con la especie. Además de la carey, en Macuro desovan 4 tipos de tortugas más: sus caparazones se venden por 5.000 dólares y cada huevo puede valer entre 5 y 8. Cada una puede desovar hasta 180 crías. Mucho dinero.
No obstante, con el pasar del tiempo, se dieron cuenta de que estaban acabando con el ecosistema marino y crearon consciencia, redimiéndose. Desde hace 21 años trabajan en conjunto para protegerlas.
Alegría entre dos mundos. Esta Historia Repetible habla sobre los Jokili –o arlequines– de la Colonia Tovar, una tradición. La comunidad había escuchado sobre las leyendas, pero en Venezuela no se celebró sino hasta 1976, cuando fue traída al país por uno de los pobladores de la Colonia, Pablo Dür Misle, quien conocía la celebración, nacida en el pueblo alemán Endingen, por su abuelo.
La tradición en Aragua se formalizó con una comparsa de Misle, siete amigos y una máscara de pino ciprés. El calendario marcaba 11 de noviembre, justo cuando se despierta el espíritu del Carnaval. La comunidad de Jokilis cuenta con 200 miembros activos entre niños, jóvenes y adultos.
Petare de múltiples rostros. Es sinónimo del Viacrucis o La pasión de Petare y es una de las historias más conocidas. Realza, desde la Semana Santa de 1986, la típica dramatización de todas las etapas de Jesús de Nazaret.
Incluye el relato de Doris Pereira, quien se encarga de cada pieza del vestuario (alrededor de 400 personas se disfrazan y ninguna sale sin su aprobación: ella cose todo); César Fernández, quien ha interpretado a muchos de los personajes y cuyo único objetivo es bajar a Cristo de la cruz; y, finalmente, el padre Alexis Montesino, quien trabajó en teatro antes de ser sacerdote y aprovecha la fecha para involucrarse y no perder su afinidad con el arte.
En Venezuela se habla alemán. A través del estudio y la dialéctica, Haidy Collins trata de recuperar el alemán colonial que se creía perdido en Venezuela. Tiene más de 25 dedicada al rescate y registro del idioma.
“El significado de las palabras tiene una estrecha relación con la identidad. Si las olvidamos, se pierde para siempre una manera de decir y sentir las cosas”, afirma.

Lilian Gluck, fundadora de El hospital de peluches
Lilian y las 60 mil ilusiones. El hospital de peluches es otra historia conocida en el país. El proyecto comenzó en 2017 cuando los hijos de Lilian Gluck, fundadora de la iniciativa, emigraron. Así pues, recicló los peluches de sus hijos, extendió la idea a sus amigas y vecinas y los llevaron al Clínico Universitario. Desde ese momento recicla, arregla, recolecta y reparte sueños a distintas instituciones, hospitales, colegios.
Habla sobre “dejar ir”, dejar el apego por las cosas materiales que pudieran hacerle bien a alguien más. Hoy, entre 30 y 40 mujeres se reúnen a llenar peluches con algodón, pegar botones, ojitos, y coser vestiditos. Van 60 mil juguetes recuperados y es apenas el principio.
Mucuchíes: preservando el orgullo canino de Venezuela. Entre las favoritas, se encuentra la certificación del agrónomo y amante de los perros, Édgar Albarrán, un merideño que logró la certificación del mucuchíes como raza autóctona venezolana. Tiene 20 años trabajándola, estudiándola, protegiéndola. Comenzó al darse cuenta de que la raza se estaba mezclando y había pocos ejemplares puros, así pues, decidió dedicarle su vida y su tiempo a la especie.
Su mayor preocupación es estar solo como criadero en Mucochilandia, a 3.000 metros sobre el nivel del mar. Pero con la llegada de su hija, decidida a trabajar con él, se convenció, feliz, de que su legado no se perdería.
“Cuando me muera, ¿qué pasara con mis perros?”, decía. Ya no más. Él educa, muestra, explica y enseña. Incluso se para en frente al monumento que inmortaliza a Nevado, el perro de Bolívar, todos los días para explicar la importancia de la raza, mostrando una lealtad inquebrantable. Así como el indio Tinjacá lo hacía con el mejor amigo de El Libertador.
Las nuevas realidades de la madera. Con una mamá carpintera como protagonista, retrata un oficio que generalmente está asociado a lo masculino y que Greilsy Avendaño, desde hace 12 años, desarrolla orgullosamente a pesar de que la gente prefiera referirse a ella como “diseñadora o arquitecta”.
Su papá, también herrero, le enseñó todo lo que sabe sobre construcción y desde pequeña entendió que esa sería su pasión. La historia abre camino para que otras mujeres se inspiren a hacer cosas que no han hecho o que, tal vez, crean no poder lograr.
Margariteñas, cosechando manglares. Las ostreras de La Restinga llevan la batuta de esta Historia repetible. Erika Fernández tiene 3 décadas dedicada al cultivo y la recolección de ostras. Heredó el oficio de sus padres. Junto a sus pares, trabaja para preservar la vida del manglar de la laguna. Es la única manera de seguir cosechando el alimento.
Algo interesante es que solamente las mujeres están autorizadas a sacarlas. Son más delicadas y tratan a las ostras con cariño, dicen. Eso permite que el oficio sea sostenible en el tiempo. “Si te comiste una ostra en Margarita, es muy probable que haya salido de la restinga” afirman.
“Porque vivir aquí y no comerlas es como vivir en El Valle y no ver a la Virgen”.
Chuwie, el perezoso que despertó consciencias. Este tierno animal apareció en la vida Haydée y Juan Carlos Rodríguez cuando iban vía San Antonio de los Altos y lo vieron, electrocutado y casi moribundo, en plena carretera.
Sin saber qué hacer con él, porque la especie está muy poco estudiada no solo en Venezuela, decidieron ayudarlo en lo posible para luego liberarlo en su hábitat. Algo que no pasó porque Chuwie, al perder 3 de sus 4 garras, no podría sobrevivir en la naturaleza.
Actualmente está domesticado. Es parte de la familia, pero el matrimonio fundó el primer centro de rescate de fauna silvestre en el estado Miranda, donde han podido ayudar a más perezosos tras lo aprendido Chuwie. Tienen un permiso del Ministerio del Ambiente y están certificados como el Centro de Rescate y Rehabilitación de Perezas.
Un paso a la vez
Paula Vargas, vicepresidente de mercadeo de Bancamiga, señaló la importancia de implementar formas diferentes para incorporar contenido de valor en su ya robusta cartera de información. “Comenzó con la idea de refrescar nuestros canales digitales, pero todo fue creciendo y abarcando un interés público, una reacción que jamás imaginamos”.
Trabajar con Gustavo Alemán fue darle continuidad a la labor que desarrollaba el Departamento de Responsabilidad Social Empresarial, que impulsaba historias que consideraban importantes, siempre enfocadas en lo positivo de Venezuela y su gente. El impacto que causó la Belkis, sus proezas, fue solo el comienzo.

Paula Vargas, vicepresidente de mercadeo de Bancamiga | Foto Ezequiel Carías
Como entendieron que no podían quedarse solo en el mundo digital, decidieron involucrarse de lleno también en el editorial. Tenían algo tan bueno entre manos que merecía la pena, reconoció Vargas. Es así como Historias repetibles se convirtió en el primer libro lanzado por el Fondo Editorial Bancamiga.
Uno de sus grandes pilares es la cultura, explicó, así que todo se alineó para que con este lanzamiento plasmaran su primera huella literaria.
La publicación es un compilatorio ilustrativo enmarcado en colores verde y azul, los del banco. Fue elaborado en los talleres de Gráficas Acea, en Caracas, con terminados en papel burgo satín en cada una de sus páginas.
Solo se imprimieron 1.000 ejemplares y no está a la venta.
“Tampoco fue concebido para tal fin. No obstante, como ha tenido tanta receptividad entre la gente, estamos pensando la manera de hacerlo llegar a más personas a través de alianzas”, señaló Vargas.
¿Habrá más libros? ¿Más Historias Repetibles? “La pregunta del millón”, rescató. “No sabemos. Lo que sí es seguro es que nuevos videos se están haciendo, seguimos trabajando en nuevas historias para este 2025, pero es muy pronto para confirmar si habrá una segunda publicación”.
La promesa, sin embargo, es que “además de libros, pensamos en abrir mucho más la experiencia. Hacerla más global. Además de fotos, videos y palabras, incluimos algo más: la gastronomía”.
El reconocido chocolatero holandés con alma venezolana, Sander Koenen de Sander Chocolatier, invita a través de una caja de 12 bombones personalizados a entender a qué sabe cada Historia repetible. “Porque el chocolate es universal y no hay mejor forma de llegarle a la gente, así sea una pequeña cantidad. No hay quien se le resista”, afirmó Paula Vargas.

El chocolatero belga con espíritu venezolano, Sander Koenen, de Sander Chocolatier | Foto Ezequiel Carías
Sander Chocolatier, una Historia repetible
Sander Koenen lo había entendido: sabor, forma, color, texturas. Hizo para Bancamiga un chocolate relacionado con cada historia y el sentimiento que evocó en él al momento de leerlas.
Mientras explicaba, recordó su propia vida: en 1999 llegó a Venezuela desde Holanda a realizar unas pasantías en una bombonería belga, La Praline, y terminó quedándose. Tiene 22 años haciendo crecer Sander Chocolatier; una marca de chocolatería holandesa que no se quiere ir del país.
Purista, de espíritu creativo e inquieto, al chocolatier le gusta que en el país todo está por hacerse. Y el vivo ejemplo es la llamada que recibió del banco para involucrarse en el proyecto. “Todos los días se está creando”, dice.
“Aquí uno muele sus frutos secos para los rellenos, hace su propio caramelo, y hasta el chocolate desde el grano de cacao. Todo eso me sirvió para crear las Historias repetibles en forma de chocolate”.
Se tardó alrededor de 3 semanas en pensar una fórmula perfecta para todos. Las dificultades de un relato, por ejemplo, lo inspiraron a usar sabores fuertes, potentes, amargos. En el caso de lecturas como la de las tortugas, dijo que sabores delicados, frutales o caramelizados, definirían el camino de su elaboración.

Caja de chocolates de Historias repetibles con sello Sander Chocolatier
Le gustó el resultado, no podría elegir solo uno. Aunque, de tener que hacerlo, sí tiene inclinación por dos: la historia de Macuro, el mar, los pescadores y las especies marinas, que hizo en forma de ola azul, con sal marina crujiente y chocolate oscuro al 70% extraído del cacao de Río Caribe en la Península de Paria, donde desovan las tortugas.
También está el corazón de parchita, inspirado en Cristo, relleno con la fruta de la pasión, y un cremoso chocolate aterciopelado con refrescante sabor ácido. “Que es también el corazón de los venezolanos”, admitió.
Está en el camino correcto, aseveró. No se equivocó cuando decidió quedarse en Venezuela y apostar por lo que ofrece.
“Expresarme a través del chocolate es arte, es de magos, y con Bancamiga pude hacerlo de nuevo posible. Y eso es una Historia repetible”.
Además de Historias repetibles, el Fondo Editorial de Bancamiga tiene preparadas diversas publicaciones en materia de emprendimiento, sobre todo, porque es uno de los grandes pilares que también tiene la institución en su programa de Responsabilidad Social.
La calidad de las publicaciones y su aporte al desarrollo del país permitirán que el Fondo Editorial se convierta en un referente nacional e internacional, además de impulsar la creación de espacios de participación de reconocidos autores, aliados y grupos de interés para la organización.
“Esto es una invitación a la acción, no solo a la inspiración. Queremos que la gente se voltee a sus entornos y comunidades. Queremos ver cómo pueden ser parte también de una historia repetible. Por eso, el banco sigue apostando, creyendo y va a seguir creciendo con Venezuela”, concluyó Paula Vargas
Para más información de Historias repetibles, videos y fotografías, ingresar a:www.bancamiga.com, el canal de YouTube del banco, y la app Bancamiga Suite.
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