Venezuela
GETTY IMAGES

El factor común de la ecuación mencionado en los numerosos análisis que se hacen a diario sobre la coyuntura político-electoral de Venezuela es sin dudas la incertidumbre.

En un país acostumbrado a la hegemonía casi total de un régimen que ha utilizado impunemente todos los resortes institucionales, secuestrados desde los tiempos del difunto, resulta difícil convencerse de que las cosas pintan muy bien para las presidenciales del 28 de julio próximo.

La mayor incertidumbre es, por supuesto, si el evento electoral ocurrirá finalmente, dado el oscuro panorama que tiene el régimen ante sí. Y es que, aunque el CNE nos jure mil veces que los centros de votación abrirán sus puertas ese último domingo de julio, seguimos igual sometidos diariamente a los tormentos que significan los tantos escenarios planteados en los que el régimen de ninguna manera permitiría el triunfo, hoy día más que obvio, del candidato de la unidad, y, con ello, la consecuente conculcación de un período de transición en el que ya estamos inmersos, pero que muchos no se lo quieren todavía creer.

La hipótesis que queremos plantear hoy es que en Venezuela nos estamos planteando un falso dilema que consiste en otorgarle al régimen más poder del que realmente posee.

En todos los recintos donde a diario los personeros más cercanos a la pareja presidencial están diariamente analizando escenarios y sacando sus cuentas, impera el terror que implica lo que realmente se siente en todos los rincones de Venezuela: la convicción de un país que ha decidido que ya es hora de un cambio político.

No hay nada que pueda hacer el régimen, por ejemplo, eliminación de la tarjeta de la unidad o inhabilitación de Edmundo González; suspender el proceso electoral aduciendo un conflicto ficticio con Guyana y declarando un estado de conmoción nacional; obligar al Consejo Nacional Electoral, como en los “buenos tiempos” de la Tibi Lucena, a decir la madrugada del 29 de julio que Maduro ganó con 10 millones de votos para hacerlo congruente con la bochornosa mentira del acto fallido de consulta sobre el territorio del Esequibo de diciembre de 2023; y otras de las ridiculeces más que se le ocurren a diario a los cerebros de las salas situacionales. Ya hasta a La Habana se le acabaron las ideas…

…Repetimos, no hay nada que pueda hacer la casta gubernamental para impedir la avalancha de un país que se les viene encima; una bola de nieve que a dos meses de las presidenciales seguirá creciendo exponencialmente y que hará de la pesadilla del régimen algo más terrible aún.

La verdad es que da hasta lástima ver a personajes, con sus rostros cansados y abatidos, como Delcy Rodríguez y su hermanito maravilla, a Diosdado Cabello y al propio Vladimir Padrino López, dando patadas de ahogados ante una realidad que cada día los carcome sin remedio.

Las declaraciones destempladas de estos personeros, para no mencionar las de Nicolás y Cilia, que de seguro ya tienen su plan de salida bien avanzado, aunque no garantizado, son tanto necesarias por aquello de mantener contentas y esperanzadas a las bases duras del PSUV, como inútiles por la realidad política que se percibe a leguas y que se está imponiendo.

El reacomodo chavista

Lo que está ocurriendo ahora en las entrañas del régimen es una suerte de reacomodo que se irá acelerando a medida que se acerque el 28 de julio. El primer nivel de reacomodo, menos visible en este justo momento, es el que aglutina a los principales personeros del régimen antes señalados. Y es que a raíz del expediente de Tareck el Aissami, y el enredo de los audios de Samark López y el supuesto complot para la salida de Maduro, ninguna de las figuras principales del madurismo se siente cómoda ni segura. Un ingrato ambiente de desconfianza se ha instalado con gran fuerza y todos en el régimen están cada uno tratando de dormir boca arriba durante sus interminables noches de insomnio. Esta especial circunstancia, y otras, debilita decisivamente a una fuerza política que antes se jactaba de ser monolítica.

El otro nivel de reacomodo tiene que ver con los factores comúnmente asociados al chavismo-madurismo, particularmente en años recientes, y que ahora están viendo un panorama proclive al cambio político inevitable. Son estos sectores como, por ejemplo, miembros de la Fuerza Armada, sobre todo de rangos medios y bajos; empresarios con sus cuestionados y cobardes capitales; gremios sindicales; empleados públicos; y hasta partidos aliados al frente que lidera el PSUV, los que en algún momento, más temprano que tarde, se pueden ver seducidos por la dinámica política que está presentando a la dupla María Corina Machado-Edmundo González Urrutia como la fórmula capaz de lograr la reconciliación y reinstitucionalización democrática de Venezuela.

El tercer nivel de reacomodo está representado en las propias bases de apoyo del chavismo, esa gente común y corriente que por años compró ese falso proyecto revolucionario, pero que hoy están dispuestas a apostar por un cambio que les permita nuevamente soñar. Este universo de supuestos votantes chavistas que las encuestas atribuyen a Maduro muy fácilmente pudiera dar la espalda al gobierno de facto el día de las elecciones y pasarse irremediablemente al caudal de apoyos en favor del candidato de la unidad.

El dilema fundamental se le está presentando hoy día al régimen, a ese saco de gatos confundidos y desconfiados que están obligados a negociar su suerte so pena de verse atropellados por un escenario que ya se ve muy cerca; esto es, la inmensa estampida de un país entero que no se dejará robar otra elección más y que estará dispuesto a hacer lo que sea necesario para honrar el triunfo de las fuerzas democráticas el próximo 28 de julio.

[email protected]


El periodismo independiente necesita del apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que las noticias incómodas que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy, con tu apoyo, seguiremos trabajando arduamente por un periodismo libre de censuras!