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Cienfuegos, un general incómodo en la lucha militar contra el narcotráfico

por Avatar AFP

Rompiendo con la habitual discreción militar, el general Salvador Cienfuegos no dudó en alzar la voz contra el involucramiento del Ejército mexicano en la guerra contra el narcotráfico, delito por el que terminó preso en Estados Unidos.

De 72 años de edad y gesto recio, Cienfuegos consideró que sus hombres no estaban capacitados para perseguir capos, y que ese papel ponía en riesgo a la población.

La justicia estadounidense le retiró los cargos al militar para permitir una investigación en México.

Lo dijo en 2016, siendo ministro de Defensa del presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), una década después de que el gobierno desplegara una ofensiva militar contra el tráfico de drogas.

En esos 14 años se han registrado más de 296.000 asesinatos en México, la mayoría ligados al crimen organizado.

«No lo pedimos. No estamos cómodos con la función», sostuvo entonces el oficial, que recibió las más altas condecoraciones durante 54 años de carrera.

Hijo de un teniente coronel y una costurera, Cienfuegos nació el 14 de junio de 1948 en Ciudad de México e ingresó a los 16 años al Colegio Miliar. A los 57 años obtuvo el grado de general de división.

Como acostumbran los altos mandos, ha mantenido su vida casi en secreto. Casado una sola vez y padre de cuatro hijas, a Cienfuegos lo detuvieron con parte de su familia tras unas vacaciones en Los Ángeles el 15 de octubre.

Estridente

Durante su desempeño como ministro, el Ejército enfrentó acusaciones por presunta omisión y agresiones en el caso de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y por supuestas ejecuciones en el municipio de Tlatlaya, donde ese año asesinaron a 22 personas.

«No tengo nada que esconder. No he cometido nada y va por delante también mi prestigio», arremetió Cienfuegos, preguntado por la prensa sobre los alumnos desaparecidos.

También tomó la palabra en el caso de Tlatlaya (centro), por el cual detuvieron a 11 militares y luego fueron liberados.

«Si los soldados son culpables, que los castiguen; si no, que los exoneren», manifestó.

«Al comparar la personalidad de Cienfuegos con la de Luis Crescencio Sandoval (actual secretario de Defensa), puede ser que el carácter de Cienfuegos sea mucho más protagónico, más estridente, y también deliberante», opinó Erubiel Tirado, experto en fuerzas armadas de la Universidad Iberoamericana.

Para Javier Oliva, especialista en asuntos militares de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM), Cienfuegos es «un verdadero líder y referente moral».  Además, considera que es inocente de los cargos de narcotráfico.

Uno de sus discursos más sonados tuvo lugar en un complejo militar de Ciudad de México ante miles de soldados, a quienes habló del caso de una mujer torturada por policías y militares.

«Quienes actúan como delincuentes, no respetan a las personas, quienes desobedecen, no son dignos de pertenecer a las fuerzas armadas», espetó.

Carrera destacada

Cienfuegos tenía una investigación por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) desde hacía una década bajo el operativo «El Padrino», mote que supuestamente le pusieron los narcos. Sin embargo, no enfrenta acusaciones en México.

Por aquellos años, en 2011, fue nombrado inspector y contralor del Ejército, puesto que ocupó solo cinco meses porque fue ascendido a oficial mayor, encargado de las finanzas del Ejército.

Antes había estado al mando de cuatro de las regiones militares más importantes del país. Entre ellas las de Jalisco (oeste), foco ahora de la violencia criminal, y Ciudad de México.

Cienfuegos tuvo además puestos importantes en el Estado Mayor, extinto cuerpo que se encargaba de la seguridad presidencial.

En septiembre de 2018 obtuvo un reconocimiento del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry, de la Universidad de la Defensa Nacional de Estados Unidos.